Si bien todavía no puede darse por definido el tema, la postergación dispuesta ayer confirma lo que desde aquí adelantamos el mismo día en que el Poder Ejecutivo presentó el nombre de Roberto Carlés para ocupar el lugar vacante dejado por Raúl Eugenio Zaffaroni: no sería aprobado.
La decisión no tiene necesariamente que ver con los antecedentes del abogado propuesto, sino con la decisión anunciada por la oposición en el Senado hacia fines del año pasado de no concederle al gobierno de Cristina Kirchner la potestad de nombrar nuevos miembros para el Tribunal Supremo. La idea nació a partir de los radicales, pero como ello no era suficiente, se unió luego el resto de la oposición, que refrendó un compromiso público que reunió 28 firmas.
Como para poder pasar el filtro del Senado hacen falta los dos tercios del Cuerpo, con 24 que se opongan ya no hay manera de doblegar esa resistencia. Aunque resta un resquicio: la aprobación debe ser concedida por los dos tercios de los presentes, de modo tal que algunas ausencias "convenientes" podrían habilitar lo que en principio aparecía como inviable.
Era el elemento que hacía crecer las expectativas oficiales, aunque las mismas no mejoraron con la visita de Carlés a la Comisión de Acuerdos. Su juventud y antecedentes no parecían respaldarlo para semejante cargo y así lo hicieron saber los senadores de la oposición, incluso los que se esperaba pudieran ser más permeables a las presiones.
Las pocas esperanzas oficialistas comenzaron a desmoronarse cuando apareció una aliada habitual del oficialismo, la neuquina Lucila Crexel, anticipando su rechazo. "Tendrá un gran futuro como penalista, pero no tiene la solvencia ni el aplomo que requiere para ocupar un cargo en la Corte Suprema de Justicia. Yo voy a votar en contra y voy a estar presente en la sesión", señaló la semana pasada esa senadora, agravando los números para el oficialismo.
Luego de Crexler se escuchó la voz de su compañero de bancada y comprovinciano, Guillermo Pereyra, quien sin poner en duda las condiciones morales de Carlés dijo que no creía que un gobierno que está a pocos meses de terminar su mandato "esté en condiciones de impulsar el nombramiento de un nuevo miembro de la Corte Suprema, cuando en realidad lo debe proponer el próximo gobierno".
Uno de los elementos que el propio Carlés había querido hacer pesar para su designación era su cercanía al Papa Francisco, lo cual hizo pensar ni bien fue anunciado su nombre en la posibilidad de que pudiera torcerse la postura de los senadores puntanos, sobre todo Liliana Negre de Alonso. Pero esta semana ella salió al cruce de las versiones aclarando que su postura continuaba siendo la misma desde el 19 de noviembre de 2014, día en el que se elaboró un documento que contó con 28 firmas de senadores de la oposición.
Incluso la senadora Gabriela Michetti puso en vilo a la producción del programa A Dos Voces, que organizó para este miércoles el debate con Horacio Rodríguez Larreta, pues había advertido que no iba a moverse de su banca hasta que estuviera definido el tema Carlés.
Ayer por la mañana el jefe del bloque radical, Gerardo Morales, confió que según las versiones que circulaban en el Senado, el pliego podría ser retirado tal cual sucediera en su momento con el de Daniel Reposo, propuesto para el cargo de procurador general de la Nación, cuando el oficialismo corroboró que los números le eran adversos.
Así las cosas, no sorprendió que el presidente del bloque oficialista, Miguel Pichetto, anunciara por la tarde la decisión de suspender el tratamiento del pliego este miércoles. Había más razones que las ya descriptas como para justificar la medida. Es que no solo la oposición aparecía abroquelada contra Carlés, sino también el oficialismo no cuenta con todos sus miembros. Desde hace tiempo la correntina Josefina Meabe está de licencia por enfermedad -no asistió a ninguna sesión el año pasado-, y el lunes sufrió la baja del santiagueño Gerardo Zamora, internado por problemas gastrointestinales.
Sin embargo, Pichetto aclaró que el pliego no ha sido retirado, dando pie a las sospechas de que se busque algún artilugio para filtrarlo en el recinto en cuanto tenga oportunidad, aunque el rionegrino aclaró que no harán uso de maniobras de ese tipo para habilitar la aprobación.
Hermético como es el kirchnerismo, se ignora qué se trae entre manos, aunque la presunción más convincente es que el pliego sea finalmente retirado y se promueva otro nombre más "potable", de modo tal de ver si se logran limar las resistencias esta vez monolíticas de la oposición.
comentar