Me frustré. Siento que vine a Disney y no vi a Mickey. Lo mejor de cubrir el búnker de Mauricio Macri, auguraban, era verlo bailar en vivo. Esos pasos famosos por su falta de coordinación, despelotados, contaba la leyenda, eran un show único en el país. Pero Mickey no vino a Disney. Costa Salguero no fue Disney, ni Macri el ratón de Walt. El clima, más allá de los números finales, no fue el mejor. Sólo la mitad del pabellón estaba ocupado: la lluvia impidió que los simpatizantes llegaran con facilidad al lugar donde Cambiemos esperó los resultados oficiales de las PASO.
Tan Bionica sonó tarde. Los globos ya habían caído, la gente se iba y, tímido, como algo que no estaba programado, empezó "Ella", el hit de la banda de Chano Moreno. Macri lo traicionó y cerró su discurso con "Arriba la vida", de Croni-k, un tema medio bajón que dice: "Que no se deprima, tirá para arriba". Con un semblante medio caído y saludos a un público manso, se fue del escenario. No regaló sonrisas ni descontrol; no mostró el tipico éxtasis de alegría.
Los funcionarios del PRO, en cambio, tuvieron una jornada más parecida a la de los cronistas de radio. Los muchachos del dial vivieron una histeria permanente producto del minuto a minuto. Se pegaban el teléfono a la oreja: parecía un apéndice de su cuerpo. En realidad, los celulares fueron grandes protagonistas de la jornada. No faltó periodista que no congelara las pupilas en la pantalla de su teléfono, como si ahí estuviera la receta de la felicidad, o la respuesta a la existencia de Dios. No sé cómo habrá sido cubrir un búnker en las épocas donde no existía Whatsapp ni Twitter. Quizá la gente charlaba entre sí.
En la previa, nadie le prestó atención a la música que copó el búnker. Sumo —portador de la bandera del "under" y la independencia, si Luca Prodan estuviera vivo habría escrito una columna en algún diario reprobando que usaran su música para actos políticos—, Charly García, Los Piojos y Gustavo Cerati intentaron alegrar un ambiente que, entre la ventaja que consiguió Daniel Scioli y la humedad, estaba tenso. A los militantes, como si no hubiera nada para festejar, los retuvieron afuera hasta pasadas las 21:00. Los globos, esta vez celestes y blancos, cayeron sigilosos, sin Macri en el escenario.
Cuando los simpatizantes ingresaron, el playlist cambió rotundamente: con la idea de generar una atmósfera festiva, apareció el ritmo "latino". "Hace tiempo, el equipo del PRO nos pidió dejar la cumbia para poner algo más latino. Yo armé un playlist que ellos escucharon y aprobaron", dice Diego, el DJ de la noche.
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