El mapa de las listas conformadas para competir en las PASO tiene mucho atractivo electoral, pero pone en riesgo en la principal oposición la unidad.

El día de 1995 en que asumió por primera vez como senadora nacional, la joven Cristina Kirchner no fue el foco de atención. Los reporteros gráficos y periodistas estaban más pendientes de otra mujer, mucho más conocida, pues era entonces la política del momento. Graciela Fernández Meijide asumió ese mismo día como senadora por el voto directo de los porteños. Pero había más en sus pergaminos, ya que había presidido nada menos que la Convención Constituyente que redactó la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Dos años más tarde, tras mudarse electoralmente a la Provincia, derrotó de manera contundente a Chiche Duhalde en las elecciones de medio término. Mas no le alcanzó ese impulso para ser en 1999 la candidata presidencial de la Alianza. Pese a representar "lo nuevo" en la política, no pudo con el aparato radical, que impuso a Fernando de la Rúa en las internas abiertas celebradas en 1998.

En vísperas de que por primera vez en el país las PASO vayan a funcionar en casi todos los distritos del modo para el que fueron creadas, ella hoy recuerda esa elección de manera positiva, pese a habérsele escurrido entonces el sueño presidencial. Y de eso habló el jueves pasado con la precandidata que ocupa el séptimo lugar en la lista de María Eugenia Vidal, Sabrina Ajmechet. Le comentó que entonces hicieron con De la Rúa "un pacto de no agresión; cada uno planteaba sus propuestas, se diferenciaba, pero actuaba sin olvidar que al final era juntos".

Historiadora además de politóloga, Sabrina Ajmechet transcribió el comentario en su cuenta de Twitter, esa que tantos problemas le ha traído en el breve tiempo que lleva esta campaña, por los tuits claramente disruptivos que supo escribir en el pasado. Debutante en la política, el aire nuevo que podría traer ella se ha visto opacado por la virulencia con la que ha sido recibida. No es para menos, opinan muchos, pues ha llegado a poner en duda en esa red social donde es tan activa la soberanía argentina en Malvinas. Juan José Gómez Centurión, que se fue en su momento de Cambiemos con mucho ruido, anticipó que pedirá el juicio político contra Achmechet si resulta electa diputada.

Igual no la tiene fácil esta politóloga que llegó a JxC de la mano de Patricia Bullrich. Está séptima en la lista impulsada por Rodríguez Larreta, que competirá con la de Ricardo López Murphy, quien si alcanza el 25% podrá mechar al menos un diputado. En ese caso no entraría el exministro, sino la número 2, Sandra Pitta, en el tercer lugar; pasando Paula Oliveto al quinto y Carla Carrizo al séptimo. Ajmechet quedaría novena entonces, cuando el oficialismo porteño en una muy buena elección alcanzaría a poner solo 8 de los 10 diputados que expone. Pasa que Juntos por el Cambio renueva dos diputados que en 2017 fueron en otra lista, la de Martín Lousteau.

Así y todo, en el larretismo se ilusionan con la posibilidad de hacer un pleno y no tener que compartir nada. Tal vez contribuya en ese sentido la existencia de una tercera lista, promovida por Luis Brandoni. En Republicanos Unidos son varios los que piensan que esa es la razón de ser de esa lista, y que el pedido público que Larreta le hizo en un zoom de Juntos por el Cambio a Alfredo Cornejo para que la bajara, fue un acting.

La virulencia que ha tenido la campaña en su primera semana preocupa sobremanera a la dirigencia de Juntos por el Cambio. Y ha sorprendido a los propios protagonistas, con un radicalismo que ha mostrado los dientes desde un primer momento. Facundo Manes abrió el juego cuando sugirió el uso de fondos públicos para la campaña: música para los oídos del Frente de Todos. Y la completó Gerardo Morales acusando al jefe de Gobierno porteño de impulsar una campaña contra el neurocientífico. Es un secreto a voces que el gobernador jujeño quiere ser candidato presidencial, pero en esta sentencia algunos sugieren que dijo lo que otros correligionarios no pueden expresar y prefieren que lo haga otro de un distrito lejano.

Semejante nivel de hostilidad remite a confirmar que la oposición terminó adelantando 2023, convencidos de que este año se podría estar dirimiendo la candidatura presidencial futura. Los radicales culpan a Rodríguez Larreta, por haberse involucrado de la manera que lo hizo en la provincia de Buenos Aires y haber llevado a María Eugenia Vidal a su distrito. Está claro que quienes desean desinflar la candidatura natural de jefe de Gobierno porteño buscarán herirlo ahora en las PASO. Si pierde Diego Santilli en septiembre y no le va tan bien a su lista porteña, podría empezar a apagarse la estrella de HRL. Por eso es que muchos consideran que el jefe de Gobierno está más preocupado por las elecciones de septiembre que por el resultado de noviembre.

Les queda claro también a los radicales -aun los que tienen aspiraciones presidenciales- que si a Manes le va bien en las PASO, directamente buscará ser candidato presidencial en 2023. Le alcanzará con ganarle a Santilli, no hablamos de una victoria en la Provincia. En ese caso no buscaría la gobernación, y eso entusiasma a más de uno en ambos bandos. Emilio Monzó, tercero en la lista de Manes, e intendentes radicales y hasta del PRO, que verían acrecentarse así sus chances. En cambio, si ganara Santilli, sería el candidato natural, aunque Larreta ha tenido que acordar con los propios -sobre todo Jorge Macri- que esta elección no define candidaturas provinciales para 2023: entonces será barajar y dar de nuevo.

Tal nivel de confrontación tiene su lado positivo: garantiza una atención singular y puede redundar en un resultado muy positivo frente al peronismo unido. Pero tiene mucho riesgo, pues los heridos que dejó el cierre de listas, más los que pierdan en las PASO, no colaborarán en la fiscalización, un tema clave que Cambiemos se tomó muy en serio en 2015 y en las dos elecciones posteriores. Este riesgo es aun más grande cuando no se está en el poder.

Pero no es un tema que parezca preocupar hoy a los líderes de Juntos. Un error que podría llegar a costarles caro. La única que parece estar preocupada por la fiscalización es Patricia Bullrich. También es la que trata de redactar un código de ética que establezca un pacto de no agresión para las PASO. El emprendimiento ya tuvo un traspié, pues preveían tenerlo listo para este lunes, aunque será la otra semana.

Pero la provincia de Buenos Aires no es el único espacio donde los ánimos están exasperados en JxC. En Córdoba, capital del antikirchnerismo, la PASO será de campanillas. Encabezan las listas Mario Negri (Senado) y Gustavo Santos (Diputados), por un lado, y Luis Juez (Senado) y el ascendente Rodrigo De Loredo (Diputados) del otro. Está claro que aquí se decide mucho más que lugares en el próximo Congreso: el ganador para el Senado será el que busque en 2023 terminar la hegemonía peronista en esa provincia.

El poder disciplina; por eso, lo que antes no le pasaba porque estaba en el gobierno nacional, le sucede, multiplicado, en el llano. Pero eso no implica que el tránsito electoral para el Frente de Todos vaya a ser sobre un lecho de rosas. Lejos está de ser así, partiendo de la base de que el gobierno de estos dos años ha estado lejos de ser el que el propio oficialismo esperaba. Y también tienen sus internas.

La más notoria se dará en Santa Fe, donde Agustín Rossiy la vicegobernadora Alejandra Rodenas confrontarán con la lista respaldada por el gobernador Omar Perotti y la propia Cristina. Es una interna llena de curiosidades, partiendo de que gobernador y vice están enfrentados, y más aún que un kirchnerista como el ministro de Defensa saliente desafíe a la vicepresidenta de la Nación. Los equívocos partieron desde el vamos, cuando el propio Alberto Fernández alentó a su ministro a participar de la interna, habida cuenta de que no había candidatos propios taquilleros. Cuando advirtió que detrás de la otra lista estaba su propia vice, el Presidente desandó sus pasos, pero ya no hubo manera de hacer retroceder a Rossi.

Así y todo éste se sorprendió al enterarse por TV de que el Presidente lo quería renunciando ahora; él creía que se había establecido que eso sería, en todo caso, después de las PASO. Muchos se preguntan -incluso Rossi- si detrás del aliento inicial para que compitiera no estuvo la intención de sacarlo de circulación, habida cuenta de que sonaba como eventual reemplazo de Santiago Cafiero.

Al sostener su candidatura contra todos, el "Chivo" aparece en una posición de debilidad, que puede terminar jugándole a favor. Y lleva a muchos a preguntarse qué pasa si termina ganando Rossi la interna, algo no tan descabellado. Cómo podría sostenerse los dos años que restan el gobernador, candidato testimonial a senador suplente en esta elección.

Una movida tan riesgosa como la de su colega porteño.

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