El Presidente insiste con aspirar a la reelección como mero método de supervivencia. El cristinismo mantiene una agenda parlamentaria propia. En qué anda Macri.

"Ustedes, que tanto hablan de la inflación, tienen el récord nacional de inflación. Desde la convertibilidad hasta ahora, 2019 fue el año con más inflación en la República Argentina: 54%. Entonces, ¿de qué están hablando?". La frase corresponde a uno de los discursos más duros de la larga sesión en la que se aprobó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en Diputados.

La pronunció un diputado oficialista que votó a favor, pero que es de los más críticos del gobierno anterior, y de los más fieles al kirchnerismo. Fue en la sesión del 10 de marzo, en definitiva no hace tanto tiempo… Pero de haber imaginado los índices que se venían, muy probablemente el chaqueño Juan Manuel Pedrini hubiera elegido otro recorrido argumental.

La inflación se ha convertido en un karma para la administración actual, cuyo principal accionista imaginaba un tiempo post pandemia mucho más benigno, como así también que la firma del acuerdo con el Fondo le garantizaba un período de tranquilidad en el que la recuperación y el crecimiento cimentarían su reivindicación. Por eso es que cuando Alberto Fernández se permitió -alentado por un auditorio afín- confirmar su deseo de reelección, fue muy sincero.

Convengamos que si bien mucho tiempo no ha transcurrido desde entonces, cuando en España él volvió a dar curso a esa expectativa, ya no sonó convencido. Y es que no se engaña y lo de ahora es solo espíritu de supervivencia. Bastante mal le va en la consideración pública como para agregarle la sensación del "pato rengo".

Sabe el Presidente que cuando habla de reelección fastidia al cristi/kirchnerismo, pero también al público que lo que menos quiere es escuchar a quienes rigen los destinos del país estén pensando en las elecciones, cuando la situación va de mal en peor. Así es que los niveles de popularidad de Alberto Fernández no paran de caer.

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El consultor Ricardo Rouvier -al que podría situarse cercano al gobierno- le registra al Presidente un 60,4% de rechazo, con un diferencial negativo de 24 puntos. Al medir la confianza los números no le dan mejor: un 75% tiene expectativas económicas negativas y un 76% piensa que la inflación no va a disminuir.

Taquión tiene números aun menos auspiciosos, con un 65,2% de imagen negativa del mandatario, cuya positiva llega apenas al 20,3%. El análisis etario espanta y, previsiblemente, es más crítico a medida que la edad del encuestado crece. Esto es, en los baby boomers (56 años o más) Alberto Fernández tiene una negativa del 70,4%. Pero en la generación Z (18 a 25 años) la imagen negativa es de 58,2% y la positiva apenas 19,7%.

Para preocupación del cristi/kirchnerismo, la malaria no afecta solo al Presidente. Según Taquión, la imagen negativa de Cristina Kirchner supera a la de su ahora malhadado delfín, con 69,3%. En la generación Z, apenas un 22,2% tiene buena imagen de ella.

Contrario a los protocolos diplomáticos, el Presidente habló en el exterior de cuestiones domésticas. Convengamos que no hizo más que responder lo que le preguntaban, pero lo cierto es que el insólito internismo que consume a esta administración despierta mayor interés que lo que nuestro país pueda llegar a ofrecerle a un mundo ávido de alimentos y energía. Una oportunidad que nos llega a destiempo.

A cargo del Ejecutivo en ausencia del Presidente, Cristina Kirchner cuidó más las formas y se llamó a silencio durante la gira de AF. Ya había dicho bastante en el Chaco en vísperas de su partida, y para mantener el fuego granado está su hijo, que el viernes en Lanús se despachó sin filtro. Liberado del encumbrado cargo institucional que abandonó el 31 de enero pasado, Máximo Kirchner ya no encuentra límites para su hostilidad.

La actitud de los Kirchner remite a los tiempos en que Néstor vivía y gobernaba Santa Cruz y su esposa era una senadora rebelde en el seno del bloque oficialista. Con Carlos Menem primero y después Eduardo Duhalde, ella supo ejercer el rol de opositora desde el oficialismo. Sobre todo con quien luego terminaría auspiciando la llegada de su esposo al poder, pero al que antes hostigó desde la Cámara alta, al punto de haber llegado a fletar el avión sanitario de su provincia para sentar en su banca a un senador correntino con el fin de evitar que el Senado derogara una ley a pedido del FMI, poniendo en riesgo la estabilidad de ese gobierno (dicen que Duhalde ya tenía la renuncia redactada por si esa ley no era derogada).

Lo cierto es que Cristina ni siquiera tuiteó estos días en que estuvo reemplazando a Fernández. Perfil bajo como siempre en estos casos, se fue al Sur, y la sesión del Senado para avanzar con el proyecto de Oscar Parrilli para pagarle al Fondo con "la plata fugada" fue presidida por la santiagueña Claudia Ledesma Abdala de Zamora. Un proyecto testimonial que no tiene chances de pasar en Diputados, pero cuyo tratamiento sirvió para discursear sobre la deuda contraída por Mauricio Macri. Es parte de la agenda propia cristinista que avanza en el Congreso con medidas de gobierno, a las que habrá que sumar el proyecto de Máximo para adelantar el aumento del salario mínimo; la prórroga de las moratorias previsionales de los senadores; o el salario básico universal.

Tres días antes se celebró también en el Senado el décimo aniversario de la aprobación de la Ley de Identidad de Género, y al acto fue invitado Amado Boudou, quien como vice de Cristina presidió en 2012 aquella histórica sesión. Terminaron invitándolo a sumarse al estrado y hasta a dar un discurso, en línea con la prédica K: "No creo que la Argentina deba crecer para pagarle al Fondo. Al Fondo que le paguen los que se beneficiaron con las políticas del FMI, que no fue el pueblo argentino", dijo quien previamente había sido ovacionado por un auditorio afín y del que el senador Carlos Linares -organizador del evento- dijo que "sufrió persecución por pensar diferente al gobierno de Mauricio Macri". Nada de lo que sucede en el Senado pasa sin el guiño de quien allí manda.

Y ya que nombramos al expresidente, vale citar en qué anda. De viaje por Estados Unidos, no se privó desde allí de participar en un zoom con el bloque de diputados del PRO, a los que bajó línea respecto de preservar la identidad partidaria, aun cuando ello conlleve diferenciarse de sus socios dentro de Juntos por el Cambio. Le molestaron a Macri algunas votaciones recientes de sus diputados, como la de la Ley de VIH y la de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial. La primera, por las jubilaciones especiales que consagra, y la otra por la creación de una agencia regulatoria (la ARICCAME), que según la Oficina de Presupuesto del Congreso tendrá un costo fiscal estimado en 159,1 millones anuales, de los cuales casi el 60% (91,8 millones) serán destinados a sueldos para los 28 nuevos cargos que se crearán.

Preocupado por el avance de Javier Milei en la consideración pública, el expresidente sugiere endurecer el discurso para contener al electorado propio. El y buena parte de la dirigencia de Juntos por el Cambio admiten que le subieron el precio al líder libertario cuando lo mencionaron en el comunicado suscripto hace dos semanas por la Mesa Nacional de JxC para proscribirlo en ese espacio. Algo que atribuyen al presidente del radicalismo, Gerardo Morales, que hábilmente impulsó esa movida para desviar los cuestionamientos que esperaban hacerle sus pares respecto de los contactos que venía manteniendo con Sergio Massa en torno a la resolución del tema "Consejo de la Magistratura".

¿Macri está pensando en su segundo tiempo? Esa es la pregunta del millón que nadie puede hoy develar. Uno de los asistentes al almuerzo convocado por el expresidente hace dos sábados en la quinta Los Abrojos contó a este medio que lo vio "de muy buen humor y centrado". ¿Con ganas de reincidir? "Por ahora esquiva el tema, pero se lo ve cómodo y sobrevolando internas", se sinceró nuestra fuente, que estimó que irá viendo "cómo viene la mano" y recién entonces resolverá su destino. En pocas palabras: solo competirá si tiene garantías de ganar. Algo hoy muy complicado pues más allá de alguna mejora, su imagen negativa sigue siendo muy elevada.

Horacio Rodríguez Larreta se ha comprometido a enfrentarlo, si es que finalmente se presenta. Así se lo dijo a los empresarios ante los que expuso días pasados. No puede decir otra cosa, y la realidad es que está confiado en que finalmente el exmandatario no compita. Se ilusionaba hasta hace poco con que Macri resolviera la interna en el PRO, pero ahora ya no está tan seguro.

En su proyecto personal dicen que ya había elegido a su compañero de fórmula: el gobernador correntino Gustavo Valdés. "No habrá ido tantas veces a Corrientes para interiorizarse sobre los incendios", ironizó alguien que conoce muy bien al PRO de la Ciudad. Pero esas ilusiones fueron abortadas cuando Gerardo Morales dispuso en su partido que todos "jueguen por adentro". Esto es, no quiere listas compartidas en las PASO del año que viene. Al menos a nivel presidencial.

Habrá que ver cuánto se cumple eso, habida cuenta de que en algunos distritos -por caso, Chubut- piensan pasar por alto la consigna de no acordar con Milei y construyen integrando a los libertarios.

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