“Pensé en hacer algo para niños, pero me dio miedo. Es un público muy exigente y hay que ser muy respetuoso”.
Ely Cabral Pese a haber sumado medio siglo en la actuación, nada pudo modificar la personalidad de buen muchacho y generador de risas que tiene Hugo Varela. Ahora, el actor y músico vuelve a demostrarlo con su espectáculo Dos de Oro Vale más que el Cuatro de Copas, en dupla con el destacado cómico Cacho Garay, con quien se encuentra en la costa marplatense haciendo con buen éxito de las suyas. Varela pasó por Buenos Aires para llevar más equipos para su show, pero antes de su viaje a La Feliz pudimos conversar con él para que nos cuente en primera persona cómo es su “Otro Yo”. “De chico ya pensaba en el hombre orquesta porque esa escena la vi en el circo y siempre lo circense me pareció un rubro excéntrico, con los músicos y sobre todo con los payasos. En estos shows vi tocar diferentes instrumentos muy desarrollados como en la época de la Edad Media, porque todo era muy artesanal. De la misma manera los músicos ‘negros jazzistas’ sin guita creaban o imaginaban sus instrumentos para tocar: al peine lo hacían sonar como un instrumento o armaban el bajo con un palo y unas cuerdas. Con la llegada de los españoles trajeron las mandolinas y los indios inventaron el charango, por ejemplo. Esto me quedó en la memoria y sabía que en algún momento iba a despertar en mi arte”, explicó. Varela nos convocó a su casa para mostrar lo que tiene en materia de artesanía realizada por él. Fue una sorpresa porque es un lugar que se parece a un museo, pero también a un teatro por la multiplicidad de objetos de arte en general. Tiene un escenario de cinco metros de boca por cuatro metros de fondo, en el que se destaca un viejo piano en primer plano, bombos legüeros, guitarras, violonchelos y micrófonos. Además, escaleras por los costados que disparan en círculos hacia otros pisos, balcones internos en donde se exponen diferentes muebles antiguos, esculturas y cuadros. Cosas novedosas hay por donde se mire: un mundo construido al mejor estilo subrrealista. Varela no oculta nada y de a poco fue paseando por su creación artística. -¿Cómo definirías el lugar donde vivís? -Qué decirte... Nunca nadie me lo ha preguntado y ni siquiera yo mismo. No sé... creo que podría ser así como -agarrándose la cabeza-, bueno, le tengo que poner un nombre, se me ocurre y me gusta llamarlo “galpón creativo”. ¡Genial! Ahora tiene su nombre, porque estamos con ganas de exponer las fotografías de mi pareja, con un encuentro de amigos y pasarla más que bien. -¿Quién hizo el plano y el diseño de esta casa o “galpón creativo”? -Pertenece a mi creación, porque a mí siempre me gustaron los galpones y coleccionar cosas. Ahora me doy cuenta que esto es un gran taller creativo. Su mundo es mágico y onírico: “Les voy a mostrar algo que tengo a continuación de este ambiente”, comentó y abriendo un portón que da paso a su taller, en el que destacan una diversidad de herramientas de trabajo, entre ellas, un tablero de pared a pared del que cuelgan diferentes pinzas y martillos. “Este es un nuevo proyecto -prosiguió- es una estructura que lleva un motor, y en estos cinco platos quiero tener unos muñecotes que bailen o salten”. -¿Está preparando para un público grande? -¡Sabés que no! Se me ocurrió para los chicos. También puede ser para los grandes, está en proceso... -¿Te gustaría hacer un espectáculo para niños? -Lo pensé, me dieron ganas, pero la verdad es que me da un poquito de miedo. Con los chicos hay que ser muy respetuoso, es un público exigente. Lo voy a pensar muy bien antes de largarme. -Naciste en una familia de artistas y sos un continuador. ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia? -Viví momentos hermosos con mis viejos, porque en mi casa se tomaba al arte como algo natural. Mi papá era músico y cantaba y mi mamá era profesora de pintura y dibujo. No había problemas de que la casa estuviera manchada con tinta o que sonara todo tipo de música que nos gustara. Tuve una infancia muy feliz. - ¿Cómo surgió la invención de esos instrumentos extraños que hacés, a los que -además- les sacás buen sonidos al tocarlo? -Se fue dando, porque al cantar y tocar diferentes instrumentos desde chico y este amor por investigar la historia musical me fue despertando otras curiosidades. Luego de grande llegó mi convicción actoral, me pareció que tenía que generar otras ideas. Yo no quería imitar a nadie. Me propuse para esto crear mi repertorio, con otras creaciones que tuviera más que ver con mi locura y con la manera de continuar con la música. En cuanto a los inventos que son propios de un artesano artista, es porque yo estudié hasta cuarto año de arquitectura. Quizás por eso es que me doy el gusto de armar y desarmar todo lo que se me ocurre. En mi taller tengo un actor amigo y artesano que me da una mano. En una época también trabajé de proyectista para varios estudios de arquitectura, esto me permitió una capacidad de generar varios proyectos de diseños.