Jaqueado por denuncias de
su ex que lo tienen a maltraer,
Mel Gibson se jugaba una
parada brava ante el público
francés, pero su amiga y
directora en el film The
Beaver hizo lo posible para
que el actor zafara dignamente
CANNES, Francia (EFE).- La actriz y directora estadounidense Jodie Foster prestó ayer su mano segura al actor australiano Mel Gibson sobre la alfombra roja del Festival de Cannes, donde ambos presentaron el film The Beaver. Foster, de riguroso negro, los hombros descubiertos, muy femenina y con un escote en diagonal pendiente casi literalmente de un hilo, acompañó a Gibson, cuyo rostro permitió interpretar cierto nerviosismo. “No estoy aún sobre ella”, dijo el actor cuando la prensa le preguntaba sobre cómo se sentía al pisar la alfombra roja, el mal trago que tienen que pasar unos y la pasarela que otros/otras casi se niegan a abandonar. “Hace doce años que no vengo”, acertó a decir Gibson, que apretó fuerte la mano de Foster mientras avanzaba, se paraba y volvía a avanzar y girar sobre sí mismo a la orden de los fotógrafos. El actor australiano, protagonista del film de Foster -película exhibida fuera de concurso en Cannes- lucía cabellos tupidos aunque recientemente había sido fotografiado con bastante más rastros de alopecia. Gibson atraviesa quizás el peor momento de su carrera, con sus conocidos problemas con el alcohol y declaraciones antisemitas, pese a lo cual el público se agolpaba, curioso, para examinar quizás su estado, puede que para analizar cada paso que daba sobre el tapiz. A la pareja del día les precedieron otras estrellas quizás menores, algunas mayores: Peter Fonda por delante, que presenta en Cannes un film de denuncia sobre el vertido de crudo en el Golfo de México, The Big Fix, y Jean-Paul Belmondo, por detrás. “Sí a Cannes”, proclamó el bello-feo, el actor más querido por los franceses, quien recibe en el Festival un homenaje a su carrera con la proyección de un documental sobre su vida y sus películas. El actor galo Jean Rochefort fue uno de los que acompañó a Belmondo sobre la alfombra roja, que el mito viviente del cine francés cubrió caminando apoyado en un bastón, pero sonriente y como gustándose en el paseo.