Santiago del Moro, feliz con la suerte de Infama, un clasico de America
Cuando iba a comenzar con Infama y me propusieron firmar contrato por solamente un mes, me dije tan poca fe me tienen. La verdad es que en ese momento estaba más que desconcertado. No sabía qué iba a ser de mi futuro. Ni en la tele ni en la vida. Sin embargo ahora acabamos de cumplir tres años en el aire. Yo fui el primero que creyó en mí mismo”, dispara de entrada a manera de catarsis Santiago del Moro sobre el programa televisivo que conduce todas las tardes, de 17 a 19, por la pantalla de América. Dice que después de aquel comienzo incierto y desconcertante, “el programa de a poco se fue consolidando e instalando en la gente a partir del buen equipo de trabajo que logramos constituir. Además -y éste no es un dato menor-, desde el primer momento contamos con el respaldo del canal que nos facilitó las cosas. Así, paso a paso, como diría Mostaza Merlo, Infama fue adquiriendo su propio estilo y ritmo televisivos. Fue como que le imprimimos nuestra personalidad”. Acerca de los tres años consecutivos en el aire, señala: “Creo que el éxito televisivo pasa fundamentalmente por el hecho de estar en pantalla y como sinónimo de trabajo. Entonces en ese caso te digo que sí, que es un super éxito. Gracias a Dios, en gran parte hoy en día yo vivo gracias a Infama y al programa de radio que hago todas las mañanas, que son dos de mis cables a tierra”. A la hora de hablar de diferencias y similitudes con el ciclo Intrusos en el Espectáculo, que conduce Jorge Rial, resalta que “Intrusos es el programa número uno del espectáculo en la televisión argentina y para mí compartir la misma pantalla es un mérito y un orgullo. Yo te diría que Intrusos e Infama en el fondo tienen la misma complicidad, pero afortunadamente nosotros hemos podido agregarle a Infama una identidad propia, que lo hace absolutamente diferente a Intrusos. Porque caso contrario estábamos condenados al fracaso y a desaparecer de la pantalla, porque no hubiese sido posible que coexistieran dos ciclos similares en una misma grilla de programación”.
La fama de la gente común Cuando se le plantea una reflexión personal sobre el hecho de haber llegado al tercer año de Infama con un ciclo que en sus primeros pasos nadie daba ni dos pesos, en primer término sostiene que “soy un agradecido de todo -poco o mucho- lo que he conseguido en mi vida. Te diría que el trabajo es mi religión. Poder festejar los tres años de Infama es un hermoso regalo que me dio esta profesión. En un medio tan complicado como es éste, haber alcanzado este logro no es cosa de todos los días. Por todo eso me sobran motivos para ser un gran agradecido y no quejarme de nada”. Dice que “entre las cuatro horas diarias que trabajo en radio y las dos horas diarias del programa de televisión, no tengo tiempo para más. Por eso no puedo ni soñar con algún proyecto laboral. Cuando me han ofrecido hacer algo nuevo, siempre se me complicó por mis problemas de horario. Hoy por hoy mis proyectos pasan por Infama y Terapia Despareja. Nunca trabajo pensando en el futuro. En este medio tampoco se puede proyectar mucho que digamos. No todo depende de uno mismo. La que te mantiene en la tele es la gente y no un director de programación. Por eso no puedo proyectar demasiado lo que voy a hacer mañana”. Padre de una hermosa criatura, llamada Catalina, asegura “no sentirme el mejor padre del mundo, aunque para Catalina seguramente debo serlo. Como padre creo que tengo un montón de carencias, las mismas carencias que tenían mis padres conmigo. Reconozco que tengo todos los clichés propios de la paternidad. Las cosas que antes me parecían una pavada, son las mismas cosas que ahora pongo en práctica con mi hija. Por supuesto que me gustaría tener más hijos. Trato de ser un buen padre cada día y ése es mi mayor desafío personal, mucho más importante que el profesional que asumo frente a una cámara o un micrófono”.