comparo su boda con la del personaje
“Creemos que va a ser la comedia del año”, señala Natalia Oreiro aludiendo al film Mi Primera Boda que, junto a Daniel Hendler y un colosal elenco integrado por Soledad Silveyra, Imanol Arias, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Gabriela Acher, Gino Renni, Muriel Santa Ana y Martín Piroyansky, renovará la cartelera cinematográfica en el día de mañana. Inspirada en el propio casamiento del director de la anterior Cara de Caso (su ópera prima), Winograd con la productora Nathalie Cabiron, la película se ubica en el día de la boda de Adrián (Daniel Hendler), quien nervioso comete un pequeño error que, para evitar problemas, pretende ocultar a Leonora, su novia (Natalia Oreiro), complicando más las cosas hasta hacer peligrar la fiesta y el futuro matrimonio de la pareja. “Mi personaje, Leonora, está pasada de responsabilidad, de ansiedad, de histeria. La película me hace acordar a La Fiesta Inolvidable: ese sinfín de desaciertos que terminan convirtiendo en un caos algo que iba a ser una celebración”, dice Oreiro de la segunda realización de Ariel Winograd.

"¿Con quién me estoy casando?"
“Y yo creo que los dos la pasan muy mal: él por miedo a no contarle la verdad a mi personaje y decir: ‘¿Con quién me estoy casando? ¿Con un monstruo o con la persona en la que debería confiar?’. Y ella porque desde un principio piensa que, en realidad, lo que le pasa a Adrián es que no se quiere casar. Y él sí se quiere casar, lo que no quiere es toda la cosa para afuera. Y ella siente que es su cuento de hadas y que todo tiene que salir perfecto”, señala esta actriz y cantante. “En general, cuanto más uno quiere cuidar una situación y cuanto más perfeccionista se pone con algo, eso se convierte en algo más frágil y más vías de escape empieza a necesitar. En la vida uno debería dejarse fluir”, vocifera. “El casamiento, sobre todo para la mujer, es un momento muy especial. Se junta todo. Y digamos que Leonora tiene una mamá muy especial, los amigos del novio también. Está todo mal ahí, como para que explote”, sostiene de lo que expone el film que además añade un ingrediente más: la razón religioso-cultural, ya que él es judío y ella de familia católica.
“Yo estoy casada pero en una ceremonia más íntima que los personajes. Prefiero la intimidad a las grandes fiestas”, dirá más tarde Naty Oreiro. “En general, la ilusión es que salga maravilloso y la mayoría de las personas lo recuerdan como uno de sus momentos más importantes. Y para las mujeres es casi la única oportunidad que tienen de ponerse, además de los 15, un vestido de princesa. Pero es una cosa muy romántica que no siempre sale bien porque tenés que ser muy relajado para disfrutarlo. Si no, estás más pendiente de que la comida esté bien, que no pongan la música que no querés. Y siempre está el que critica el vestido o la mesa o los que toman y hacen un desastre. Digamos que sucede todo eso. No siempre pasa en todos los casamientos. Yo creo que es un acto romántico. Después, toda la parte comercial de los casamientos es medio buitre. Creo que los que se están por casar deberían ver la película para ver si se casan de verdad”, concluye riendo.

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