Era tanto el odio que Steven tenía por las matemáticas que alguna vez llegó a reflejarlo, con cierta gracia, en un artículo autobiográfico “Mi padre me explicaba que dividir tres entre cuatro era imposible, y yo le decía: ‘Claro, porque no se puede poner el tres en el agujerito del cuatro’”. Como contrapartida, su pasión eran los trenes de juguete, a los que hacía chocar una y otra vez. Su padre, cansado de las malas notas de su hijo en el colegio, lo amenazó con tirarlos a la basura. “Me asustaba tanto no verlos más que tomé el tomavistas de mi madre y los grabé mientras chocaban por última vez. Al mirar aquellas imágenes, descubrí una nueva pasión”. Y se convirtió en un ícono del cine...