El compositor y guitarrista de Bernal alterna los recitales de su grupo Al-Fil con las presentaciones que realiza junto a la Orquesta Escuela de Berazategui en el centro Cultural Rigolleau.

Desde muy joven, Carlos Stefan tuvo la percepción de que su vida se iba a edificar sobre dos pilares que lo iban marcando a fuego. Uno tenía que ver con un profundo caudal interior que pedía liberarse y ser comunicado. El otro, la certeza de que la música era el canal adecuado para poder transmitirlo.

Una ocasional actuación como ‘beatle‘ en un festival escolar en Bernal encendió la mecha. La irrupción del rock en la escena nacional hizo el resto. Es que, justamente, toda esa manifestación de filosofía, ecologismo y clamor por la paz de fines de los años 60, representaba el ambiente oportuno para plasmar un ideal que enamoraba a buena parte de la juventud, insatisfecha con las opciones tradicionales que la sociedad les presentaba. La guitarra sería, de allí en más, su inseparable compañera de ruta.

Así nació su primer grupo Hoa-Binh, que significa paz en idioma vietnamita. Después le siguieron Dakar, Fugaz, Krill, Elixir de Pasión, Elixir y Al-Fil, banda esta última con la que viene realizando periódicas presentaciones desde hace seis años.

Su huella

En todos esos conjuntos -como compositor y guitarrista- dejó su huella. Stefan no se detiene en el virtuosismo musical sino que cada presentación es una obra conceptual integral. Sus shows incluyen imágenes y representaciones teatrales. Sus discos, dibujos y poesías en un marco de cuidado esteticismo.

Encolumnado en el llamado rock progresivo, reconoce como influencia a grandes bandas como King Crimson, Pink Floyd y la Mahavishnu Orchestra. Admirador de John McLaughlin, Robert Fripp y David Gilmour y, en la arena local, de Luis Alberto Spinetta, Aquelarre y Crucis.

Su talento le abrió camino rápidamente entre los músicos en los que se veía reflejado, que apreciaban su inspiración y lo invitaban a sus presentaciones. Entabló amistad con sus vecinos quilmeños de Vox Dei y, a través de las distintas agrupaciones que iba integrando, comenzó a compartir escenario con grupos consagrados.

La anécdota con el Flaco

Recuerda con cariño una anécdota del año ’75 junto al ídolo Spinetta. “Invisible, la banda liderada por el Flaco, presentaba Durazno Sangrando en el estadio de Vélez y nos invitaron a Fugaz como grupo soporte. Había unas seis mil personas que esperaron pacientemente durante más de una hora que aparecieran los músicos. Cuando entramos nosotros, se dieron cuenta de que no éramos Invisible, sino un grupo desconocido. Empezaron a protestar y a silbar. Finalmente, Spinetta subió al escenario, les reprochó su actitud y les pidió que escucharan a esos desconocidos que, según él, tocaban ‘ mejor que muchos que tienen un gran cartel‘. Tras hacer nuestros temas, nos fuimos ovacionados y, en ese momento, Fugaz se convirtió en el único grupo soporte con que contó Invisible durante su historia”.

“Nunca puse en un primer plano la llegada masiva a la gente o el negocio -señala a El Quilmeño el autor de temas como El jazmín y la daga y Un viaje a la entraña de los sentidos-. La intención siempre es expresar un sentimiento profundo y que a vos, al que lo está escuchando, le despierte también un sentimiento de igual intensidad pero que no necesariamente tiene por qué ser similar al mío”.

Considera que, en la actualidad, son pocos los que se detienen a escuchar y disfrutar realmente de la música y, en relación con las nuevas camadas de compositores, asegura que “es difícil encontrar detrás un basamento espiritual. Los grupos jóvenes, en general, están urgidos por lograr un éxito inmediato y, los que finalmente lo alcanzan, muchas veces se repiten creyendo que, de esa manera, mantienen vigencia”.

Con la Orquesta Escuela

En los últimos años, un admirador, Edgardo Palotta, director de la Orquesta Escuela de Berazategui, lo lleva como músico invitado a los conciertos en el Centro Cultural Rigolleau, donde suele recrear temas de aquellas grandes bandas inspiradoras.

“Es fundamental salir de los estereotipos. Romper las carcazas, como ocurrió en los ’60. Y, sobre todo, trabajar duro” expresa, a manera de conclusión, este músico bernalense, mientras abre el cofre y vuelve a guardar, una a una, sus emociones más preciadas.

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