Las parroquias de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela se colmaron de devotos que -como cada 7 de agosto- dieron muestra de que la fe mueve montañas. La gran mayoría agradeció los favores concedidos por el Santo.
Miles de fieles de todo Quilmes, Berazategui y Florencio Varela se dieron cita ayer en las tres parroquias de San Cayetano que hay en la Diócesis, para hacer sus peticiones y agradecimientos al santo patrono del pan y el trabajo.
Como cada 7 de agosto, en los templos se vivieron verdaderas fiestas católicas y El Quilmeño fue testigo de la devoción de los vecinos, que una vez más dieron muestra de que la fe mueve montañas.
"Yo vengo todos los años, ahora me quedé sin trabajo y necesito la ayuda de San Cayetano", contó a este medio Mónica Mayorga, quien pidió publicar su teléfono para pedir ayuda a los lectores. "Yo estaba trabajando como empleada de casas particulares, si alguien necesita una empleada mi número es 15-2645-2247", agregó la mujer, de 49 años y oriunda de Quilmes.
Lidia Téllez es otra vecina del barrio San Eduardo de Florencio Varela, que se acercó a la parroquia de Quilmes como lo hace desde hace 10 años. "San Cayetano cumple y por eso vengo a agradecer. Todos mis hijos consiguieron trabajo y estoy muy feliz", señaló.
También Selva Coronel visitó al santo del pan y el trabajo en Quilmes. Es que esta jubilada -que ahora reside en Ezpeleta- vivió durante 40 años frente al templo de Mosconi y Lamadrid y, aunque ahora está un poco más lejos, vuelve al barrio cada 7 de agosto. "Yo le pido que no le falte salud a mis hijos", reveló.
Por su parte, Irma Núñez -del Triángulo de Bernal- fue a pedir trabajo para sus tres hijos, que sufren distintas incapacidades y "por eso no los emplean en ningún lado".
En tanto, Omar Carrillo, de camino a su casa en Berazategui, pasó por el templo a la salida de su trabajo, para agradecer que hoy tiene "para darle de comer" a toda su familia.
La otra fiesta
Alrededor de las parroquias de San Cayetano también se vive una fiesta de gastronomía popular. En Quilmes, las servidoras de la parroquia utilizaron 450 kilos de harina para cocinar cientos de tortas fritas que regalaban a los fieles, junto con un vaso de mate cocido.
No faltaron los puestos de comida callejera, donde se podía comprar a precios muy accesibles desde chorizos a la pomarola, empanadas fritas, tortillas de papa, pan casero y sándwiches de milanesa, hasta asado, vacío, cerdo, pollo y achuras.
También jugaron su partido los puestos de santerías, en los que la gente se agolpaba para comprar velas, estampitas, estatuillas y recuerdos de todo tipo con la imagen de San Cayetano y, en segundo lugar, del papa Francisco.