Rodrigo Gramajo, Melani Romero y Rosa Zárate Paredez son tres jóvenes payasos que usan el humor para cuestionar las relaciones de nuestra sociedad. Buscan ser "la última generación que cree que el amor es sufrimiento".

Tres jóvenes payasos de Berazategui llevan adelante un proyecto denominado "La peste, un bien común", una obra de teatro para grandes y chicos que usa al humor como base para cuestionar las relaciones de afecto en nuestra sociedad, con la intención de "ser la última generación que cree que el amor es sufrimiento".

El espectáculo está organizado por Sintonía Clown, la compañía que encabezan Rodrigo Gramajo, Melani Romero y Rosa Zárate Paredez, bajo la dirección de Francisco Beber. Tras algunas presentaciones en Berazategui y Wilde, ahora planean una gira por el sur del Conurbano, incluyendo a Quilmes, Avellaneda, Adrogué, Lanús, Banfield y Lomas de Zamora. Incluso, existe la posibilidad de que participen de "Teatrazo", un festival nacional independiente en Chubut, que convoca elencos de todo el país.

"La obra está basada en textos de Artaud, especialmente en 'el teatro y la peste'. Nuestra idea es que, como la peste se contagia y deja su residuo o marca en la persona, el teatro haga lo mismo. Que no se vaya igual y en este caso, la nueva peste que queremos que se propague es el amor bien entendido y bien expresado. No el sufrimiento, como dicen muchos. Nosotros creemos que es libertad y compañía", expresó Gramajo en diálogo con este medio.

A la hora de desarrollar la temática del show, Romero contó que "un punto común es la competencia y el conflicto en las relaciones entre pares, ya sea de amor, de amistad o de familia". "Por ahí hacés algo que me molesta y yo en vez de plantearlo, hago algo que te moleste más. Cada uno busca hacer una venganza mayor", graficó, aunque también aclaró que "más allá del drama del tema que tocamos, siempre hay una cuestión cómica que te saca del eje".

La clown confesó que llegan "a todo público, porque un grande se va reflexionando y el chico la pasa bien, se ríe". De hecho, Gramajo advirtió: "La gente nos dice 'no paré de reírme un segundo'. Mi sobrina, que tiene 7 años y quizás no entiende el mensaje, siempre dice que la quiere ver de nuevo. Así que ese lugar está ganado".

En la repartición de roles, existe un complemento interesante. "Cada clown tiene su personalidad. Yo soy Inti, Rodrigo es Pantufla y Rosa es Canchimplora. Yo estudio para ser maestra de nivel inicial, él Licenciatura en Actuación en la UNA y Rosa Licenciatura en Sociología en la UNLP. Entonces cada uno aporta su mirada desde lugares diferentes", valoró Romero.

Consultados por la posibilidad de formar parte de un festival a nivel nacional, Gramajo se despachó: "Me sorprende y emociona porque esto es una creación nuestra. Esta compañía crece rápido y a pasos muy firmes, es cómo reinyectar energía todo el tiempo". A la vez, Romero -o Inti- aportó: "No pensamos en esa idea de ser famosos y ganar plata. La idea es llegar a la gente, transmitir un mensaje, una reflexión como sociedad".

Para animar a la gente, Pantufla sentenció: "SI quieren pasarla bien y reírse, vengan dónde están las narices rojas. Hay recreación, divertimento y refundación. La Peste busca que desde el humor se pueda mostrar otra cosa y hacernos cargo". En esa dirección, Romero cerró: "Les digo que se animen a criticar ese ideal de amor y vengan a contagiarse de esta mirada crítica. Y a nosotros también, porque sin un público recíproco no funcionamos".

Mirada social

Sintonía Clown es la compañía detrás de "La peste, un bien común". Formados durante más de cuatro años en el elenco municipal de payasos de Berazategui, llevan adelante esta obra teatral y diferentes presentaciones en sociedades de fomento, geriátricos, comedores y fundaciones. "Lo llamamos militancia. Tenemos una mirada social muy puntual y buscamos desnaturalizar todo tipo de desigualdad. Es desde ese punto que nacemos para llegar a todos y a todas, sin límite de fronteras", resaltó Gramajo.

En tal sentido, explicó que "nacimos en el escenario, pero por esta mirada muchas veces vamos con intervenciones, desde el lado terapeútico. Ya sea en geriátricos, comedores, hogares de chicos o la fundación INEP, con chicos que tienen autismo y TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo). Generamos diálogos, desde el juego de la mirada del payaso los involucramos y les regalamos una sonrisa".

Gramajo contó además que la actividad llegó a escuelas y jardines: "Una vez nos pidieron hablar de bullying. Lo hicimos, pero una de las escenas tenía abuso de autoridad de docentes a chicos. La idea es desnaturalizar todas las desigualdades... Reflexionaban ellos y nunca nos dijeron que era desubicado".

Incluso, la interacción con los chicos llegó al punto de reconocer la obra en el día a día. "Nos pasó que en una escena había bullying y le pedíamos ayuda al profesor, pero no había conexión. Ignoraba el conflicto de una forma tan graciosa que los chicos re reían. O decían: '¡Se parece a tal seño!", reveló Romero.

Y concluyó: "Nunca le dijimos que no a ningún lugar que nos hayan invitado. Nunca nos paramos o decimos que no nos gusta. Aceptamos los retos y atravesamos las dificultades, quen os hacen crecer fuertemente. En muchos lugares actuamos con un bono contribución, que tampoco es excluyente. Llegamos a tener más de 150 personas en los shows, en barrios donde la gente no se puede acercar a los teatros".

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