En ese sentido, dejó en claro que "el grupo está por sobre todas las cosas" e incluso contó una tradición: "Generalmente para fin de año hacemos un viaje a Córdoba con un partido o hacemos asados cada tanto".
A los 56 años, y dejando de lado algunos problemas físicos, Horacio Loray todavía se las ingenia para seguir ligado al fútbol. Ya no brilla como en sus años mozos en Quilmes, sino que lleva adelante un rol de entrenador en Juventud Unida de Bernal, conjunto que milita en la categoría Superveteranos.

El otrora marcador central destacó que "este es un plantel que tiene 43 años de antigüedad, con tres o cuatro muchachos que hace un montón que crecemos juntos, somos amigos y compartimos el equipo". En ese sentido, dejó en claro que "el grupo está por sobre todas las cosas" e incluso contó una tradición: "Generalmente para fin de año hacemos un viaje a Córdoba con un partido o hacemos asados cada tanto".

A la vez, reconoció que el querer ganar siempre puede generar alguna discusión. "Más vale que cuando te toca perder tres partidos aparecen cositas que a uno no le gustan. Si digo que es todo color de rosas, estaría mintiendo. Al margen de que en la cancha a veces nos pasamos de revoluciones, está todo bien", relató. 

A pesar de eso, señaló que lo importante es que prime el compañerismo: "Hay que tratar de sobrellevar eso y pensar que esto es un deporte. Ya tenemos una edad donde hemos ganado muchos títulos y eso tiene que pasar a segundo plano. Creo que el solo hecho de venir y correr en una cancha de once es algo muy loable".

El veterano, que no está jugando por una lesión y se dedica a ser DT, remarcó que sigue ligado porque "el fútbol es algo que me apasiona y llevo en el corazón. Es una de las cosas más importantes de mi vida junto a mi familia, mis hijos y mis amigos". Y se mostró feliz por poder compartir la pasión con su hijo: "Coincide que hemos jugado juntos y que viene a verme y yo a verlo a él. Hay algo entre los dos porque somos parecidos".

Cervecero

Loray supo desempeñarse como defensor en el Cervecero, entrenándose con la Primera a partir de los 16 años. "En ese momento andaba muy bien y después me vine un poquito para atrás. Por eso no pude jugar nunca oficialmente, aunque sí estuve en amistosos. Es una satisfacción el hecho de haber participado", confió. 

Entre sus recuerdos más valiosos, señaló atesorar el de estar presente en la consagración del Metropolitano 78: "Jugué en Tercera ese día que había un montón de gente amiga como Gáspari, Palacios, Recavarren, Raschia y todo ese grupo que le dio la alegría". 

Sin embargo, puesto a elegir, se inclinó por dos nombres como los más importantes de ese logro. "Hay dos que para mí sobresalían nítidamente. El Indio Gómez en la parte ofensiva y el Flaco Milozzi defensivamente. La personalidad de uno y el juego del otro", manifestó.

En tanto, recordó que estuvo cerca de pasar al Xeneize: "Jugué una vez en Tercera contra ellos, la rompí y me pidieron para ir a préstamo. Si llegaba Paulino Sánchez a Quilmes, íbamos tres jugadores a Boca. Como no arregló, no pudimos pasar y no se me pudo dar esa chance. Hubiese sido muy lindo porque además soy hincha".

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