Del arco de Arsenal, al mediocampo de Don Bosco. Más allá del buen clima, Pacio no le esquiva a la competencia: "Cuando estás adentro la sangre te camina a dos mil por hora".
Alejandro Pacio supo atajar en las inferiores de Arsenal a mediados de los 80. Sin embargo, una vez alejado de la actividad, se dedicó a despuntar el vicio como mediocampista y hoy defiende la camiseta de Gimnasio Quilmes, en el torneo para Superveteranos de Organización Don Bosco.

El veterano sintetizó cuál es el sentimiento que lo motiva a seguir jugando a la pelota: "Somos toda gente que viene a divertirse. Termina el partido y nos tomamos una cerveza o una gaseosa. Es para no perder lo que más me gusta hacer y a todos nos pasa lo mismo. A algunos más y otros menos", señaló.

En su situación personal, confesó que siente un cambio luego de estar tanto tiempo debajo de los tres palos: "Te imaginás que tanto tiempo pegándole para arriba es distinto. Igualmente antes jugaba a veces algún picadito en las prácticas. Pero te acostumbrás".

Sin embargo, el hombre de 45 años aclaró que la llama sigue encendida y los enojos están a flor de piel: "Es más que nada para distraernos, aunque más vale que cuando estás adentro te camina la sangre a dos mil por hora y te agarrás cada calentura", precisó, a la vez que se refirió a los árbitros: "A los referís los volvemos locos, son las reglas del juego. Hay que saber hablarle, si vas de guapo o faltándole el respeto te hacen la cruz y ya está".

Con respecto a las lesiones, afirmó que "cuesta más porque aparecen más seguido" y detalló: "Encima yo estuve dos años sin jugar porque me desgarré, pero vuelvo de a poquito. Quiero correr". En ese sentido, expresó que las recuperaciones también son complejas: "Con el tema del trabajo no podés hacer nada para recuperarte más rápido. Además, necesitás llevar el mango a casa y no me da para andar pagando un kinesiólogo teniendo que mantener a mi familia".

Etapa profesional

Pacio jugó en las divisiones juveniles Arsenal entre 1982 y 1987, e incluso llegó a jugar en tercera. En diálogo con El Quilmeño comentó como fue su alejamiento de la institución y del profesionalismo. "Tuve una discusión con el técnico, que era Américo Pérez, y me echaron. Me iban a mandar a préstamo a Dock Sud, no quise y quedé colgado", explicó.

El guardameta, devenido en volante, resaltó el haber jugado con jugadores de gran estatura futbolística. "Estuve con los hermanos Julio y Pepe Burruchaga, Robertito López, Albrecht, Morales Santos, Gustavito Grondona, entre otros muy buenos", recordó.

Además, aseguró cuál es el balance que hace de esos años: "Me van a quedar grabadas las etapas que se van quemando, cuando te enseñan desde chico hasta que te hacen un contrato profesional. Muchos se piensan que es fácil, pero es un sacrificio. Cuando llegás vale la pena", expresó.