Vecinos de esa zona de Quilmes Oeste deben soportar olores pestilentes,
plagas y daños en la salud. Piden la intervención del municipio y la empresa de
recolección Covelia.
Un basural que crece a pasos agigantados es motivo del permanente reclamo de vecinos quilmeños afincados en el populoso barrio La Matera, debido a los notorios inconvenientes que le genera a los pobladores de ese lugar del oeste de Quilmes.
El basural se encuentra en la intersección de las calles 822 y 891 "desde hace casi dos meses" y ello hizo que "la plaza que con esfuerzo levantamos e impulsamos allí los vecinos, prácticamente ha desaparecido por culpa de algunos inadaptados", señaló el frentista Walter Vera.
El vecino mencionó que -semanas atrás- la firma Covelia, recolectora de residuos, dejó en ese sector un par de volquetes para que los lugareños arrojen allí la basura, "pero ello no se respeta". Indicó que "insólitamente, cada vez se arroja más basura y todo tipo de desperdicios contaminantes" en lo que antes fue una plaza, ya que actualmente la misma ha quedado cubierta de residuos "y hasta han tapado la mitad de la calle con los desechos", denunció.
Vera puntualizó que la proliferación y crecimiento de este problema en La Matera "se debe a que, en muchas ocasiones, acuden a este lugar las personas que se dedican al 'cirujeo' y al 'cartoneo', ya que llegan con sus carritos y todo lo que no les sirve, lo tiran acá sin hacerse problemas".
Además, acotó que la situación se agrava porque "también vienen camiones de distintas empresas y acá arrojan cueros, gomas en desuso, animales muertos, ramas, restos de comida, latas, y todo objeto que no se recicla, inclusive bolsas de plástico cerradas que contienen todo tipo de desperdicios". Mencionó que algunos niños, por ello, "sufren picazones, sarpullidos y hasta problemas en la piel en brazos y piernas".
El vecino explicó también que, debido al pestilente y fétido olor que se desprende del basural, "el aire se torna irrespirable", causando la proliferación de todo tipo de insectos y roedores. "Para combatir ese olor insoportable, los vecinos realizan quemas de ramas y hojas en forma habitual, pero se forman densas humaredas, y así es peor el remedio que la enfermedad, porque el humo penetra en las casas y no se aguanta, es imposible vivir así", detalló Vera.