Son cuatro pasajes de las calles 849 y 894, a escasas cuadras de la plaza de la estación, donde cada vez que llueve en exceso se inundan hasta las casas y el agua tarda en bajar -por lo menos- dos días.
Desde hace más de 20 años, un grupo de vecinos del centro de Solano reclama obras de asfalto, en unas pocas cuadras de tierra que -según denunciaron- "quedaron en el olvido porque ya figuran asfaltadas en el Municipio de Quilmes".
El reclamo fue iniciado por los primeros habitantes que llegaron a la zona en la década del 60, quienes, lentamente, observaron como se pavimentó la mayoría de las arterias, menos en la que ellos tenían sus casas. Ahora, ya cansados de tantas promesas en vano, esos pioneros delegaron la lucha en sus hijos y los vecinos más jóvenes, sin dejar de soñar con ver el asfalto antes de morir.
Se trata de cuatro pasajes de las calles 849 y 894, a tan sólo cuatro cuadras de la plaza de la estación solanense, en pleno centro, donde cada vez que llueve en exceso se inundan hasta las casas y el agua tarda en bajar dos días.
Historia conmovedora
Roberto Ysla llegó a la calle 849 cuando tenía siete años. Ahora tiene 57 y -pese a que el año pasado sufrió un accidente cerebrovascular y estuvo seis meses internado en coma- recuerda que los vecinos vienen realizando reclamos a la municipalidad desde que Aníbal Fernández era intendente, a principios de la década del 90.
"Todos prometían lo mismo. Cada uno que llegaba nos decía que iba a asfaltar, hasta (Francisco) Gutiérrez vino antes de una elección. Nadie hizo nada", se queja el vecino, que se esfuerza a sobremanera para hablar y respirar.
Quizás la odisea de Roberto Ysla el día que sufrió el ACV grafica la precariedad ante la falta de obras. "Me agarró el accidente cerebral el 4 de abril de 2012, el día que hubo un tremendo temporal. Acá estaba todo inundado, yo no podía caminar y estaba sólo con mi mujer. La ambulancia no pudo entrar, se quedó en la esquina. Me tuvo que llevar un amigo remisero hasta el hospital", detalló y -luego- confió: "Me gustaría ver el asfalto antes de morir, estuve en coma seis meses y la vida me dio otra oportunidad. Ojalá llegue ese día".
Sonia Gongora, otra vecina de la zona, manifestó: "Nací acá en Solano y observé como mi papá y los vecinos trabajaron para conseguir el asfalto. Hoy él tiene 73 años y yo retomé su lucha, no pierdo las esperanzas de que podamos conseguirlo para que pueda ver en vida lo que tanto anheló".