Edith nació el 4 de diciembre de 1865 en Swardstone, en Norfolk (Gran Bretaña) como la mayor de los cuatro hijos del reverendo Frederick Cavell y su esposa; y ya desde muy joven se dedicó a ayudar al prójimo en causas nobles.
A los 25 años comenzó a viajar por Europa, donde se interesó por la enfermería y se convirtió en alumna de Eva Lucke, la mejor matrona del Hospital de Londres cuando regresó a su país a cuidar a su padre, que había enfermado gravemente.
Nuevamente en la ciudad de Bruselas, Cavell comenzó a trabajar como matrona en una Escuela de Enfermería en 1907 y más tarde pasó por diversos hospitales; y hasta llegó a editar una revista llamada “La Enfermera” mientras daba clases de esa profesión.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, en 1914, Edith regresó a Bruselas desde Londres y comenzó a trabajar en el hospital donde lo hacía bajo la consigna de la Cruz Roja. Cuando Alemania invadió Bélgica y ordenó evacuar del hospital donde trabajaba Edith a “todos los heridos peligrosos o sospechosos”.
De esta manera, la enfermera se dedicó a curar a los soldados aliados y luego a ayudarlos a escapar hacia Holanda, que permanecía neutral al conflicto. Para poder lograr este objetivo, Cavell los ocultaba en el hospital y luego los llevaba a través de una red de casas de seguridad en las que podían conseguir refugio temporario hasta llegar a la frontera con los Países Bajos.
La enfermera realizó estas actividades ilegales durante unos diez meses hasta que fue expuesta por las tropas de ocupación alemanas, que habían logrado infiltrar a un espía dentro de la organización.
El 3 de agosto de 1915, Cavell fue arrestada y encarcelada en la prisión de Saint-Gilles. Cuando fue interrogada, solo dijo en su defensa que se sentía obligada a ayudar a las personas necesitadas.
De esta manera, Edith fue enjuiciada entre el 7 y 8 de octubre de ese mismo año por un tribunal que la encontró culpable de espionaje y que la condenó a muerte el día 11 de ese mes.
Los observadores internacionales intentaron abogar por ella sin buenos resultados. El asesor legal de la embajada estadounidense Hugh Gibson y el embajador de España, Rodrigo de Saavedra, pidieron al Alto Mando alemán la conmutación de la pena o al menos su aplazamiento. Gibson advirtió incluso a los alemanes de que la ejecución de la enfermera dañaría más aún la ya mala reputación de Alemania y sería vista como una injusticia a los ojos del mundo.
De todas maneras, Cavell fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento a la mañana siguiente, a los 49 años de edad. “El patriotismo no es suficiente y no debo tener odio ni amargura hacia nadie” y “he visto la muerte tan a menudo que no es algo extraño ni temeroso para mí”, fueron las dos frases que le dijo al reverendo Stirling Gahan durante su confesión previa.
“Les he dicho que la devoción les dará verdadera felicidad, y el pensamiento que han hecho, ante Dios y ustedes mismos, su deber completo y con un buen corazón serán su mayor apoyo en los momentos difíciles de la vida”, les dejó escrito a sus compañeras de hospital.
“La muerte de Edith Cavell ue uno de nuestros mayores errores. No pudimos concebir una acción más impopular”, reconoció un miembro del Alto Mando alemán algún tiempo después.