La exposición solar, en tiempo reducido, es de suma importancia para la buena absorción de calcio en el intestino y la mineralización del hueso.

La luz del sol, en dosis cortas, como 15 minutos (en verano, se necesitan sólo cinco, mientras que en invierno, media hora), y fuera de los horarios pico de radiación, es importante para mantener la fuerza muscular y colaborar en la prevención de la osteoporosis.

De acuerdo con lo que explica el doctor Ramiro Puerta Franchi, Reumatólogo de la Clínica Zabala, todas las personas tenemos dos fuentes de vitamina D: D2 y D3. La primera, se adquiere a través de los alimentos, la segunda y más necesaria, se consigue por medio de los rayos del sol, y tiene una vida media más larga, es decir, que dura más en el organismo antes de degradarse. A este proceso se lo conoce como fotobiogénesis, y su duración depende de varios factores como la edad, ya que en los adultos mayores el proceso tarda más; y la tonalidad de la piel (cuanto más oscura más tiempo al sol requiere).

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Pocos saben que el esqueleto es un órgano que se modifica constantemente y al cabo de 10 años todos los huesos se renuevan por completo. A medida que la masa ósea se reabsorbe de la mano de las células denominadas osteoclastos, se va formando hueso nuevo gracias a otras células llamadas osteoblastos, lo que ayuda a mantener el equilibrio.

Sin embargo, a partir de los 30 años la formación de hueso nuevo es cada vez más lenta. Cuando la pérdida de masa mineral ósea se hace más severa, se puede producir osteoporosis, una enfermedad tratable, que requiere de cambios en el estilo de vida, ingesta adecuada de calcio y vitamina D, ejercicios físicos y medicamentos que aumentan la masa ósea y disminuyen el riesgo de futuras fracturas.

El diagnóstico temprano permite acceder más rápido a un tratamiento y evitar las fracturas. La recomendación es que las mujeres realicen una densitometría a partir de los 65 años y para hombres la indicación es a partir de los 70 años.

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