La adicción al cigarrillo está asociada a diversas enfermedades cardíacas prevenibles. Cuáles son los riesgos y qué hacer para dejar de fumar. Por año, más de 44 mil personas fallecen en el país por afecciones vinculadas al tabaquismo

El cigarrillo causa severos problemas de salud: enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Según datos de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, el 25% de la población adulta fuma tabaco. Esto lleva a que 44.000 personas mueran al año en la Argentina por afecciones evitables asociadas al tabaquismo. A su vez el cigarrillo impacta en los fumadores pasivos, un 27,6% de la población está expuesta al humo de tabaco ajeno en el hogar, un 25% en el ámbito laboral y un 23% en bares y restaurantes.

“El proceso de afección del cuerpo por tabaquismo es lento y silencioso. En muchos casos, una vez que aparecen los síntomas el estado es irreversible: obstrucción de las arterias que aumenta el depósito de colesterol y los niveles de triglicéridos en sangre, reducción de la capacidad de oxigenación de la sangre, formación de coágulos, aumento de la presión arterial y el pulso sanguíneo”, explica el Dr. Pablo Martín Fescina (MN 114.135), especialista en Neumonología.

El riesgo de muerte es de 2,2 para aquellos que fuman entre 1 y 20 cigarrillos diarios y aumenta en la medida en que se acrecienta la cantidad de consumo y los años de desarrollo del hábito.

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“El paso más difícil, pero el más importante para dejar de fumar, es tomar la decisión. Los beneficios comienzan 20 minutos del último cigarrillo, momento en que se normaliza la frecuencia cardíaca y tensión arterial. A las 24 horas se reducen los niveles de CO y mejoran la oxigenación. A las 48 horas se recupera el gusto y el olfato” explica el Dr. Fescina. Para lograrlo es importante tener en cuenta lo siguiente:

Fijar un día de cesación.

Comunicar la decisión a familiares y amigos.

Tener un registro de la cantidad de cigarrillos que se fuman diariamente.

Tirar ceniceros, encendedores y cualquier objeto relacionado con el consumo de tabaco.

Beber grandes cantidades de agua.

Evitar el alcohol y las bebidas que acostumbra a acompañar con el tabaco.

Cambiar la rutina después de comer, por ejemplo, lavarse los dientes y salir a dar un breve paseo inmediatamente, etc.

Buscar alguna actividad que le dé placer: esto proporciona satisfacción y relajación.

Realizar ejercicios de relajación en los momentos en que se sufre de abstinencia.

Existen distintos programa que guían al fumador en el proceso de abandono. Entre ellos el Programa de Cesación Tabáquica, donde se acompaña al paciente desde el momento en que toma la decisión y a lo largo del proceso de cese de consumo de cigarrillos. Se busca favorecer el mantenimiento de la conducta abstinente a partir de la disminución de la probabilidad de recaídas con el control de los síntomas, la enseñanza de técnicas de autocontrol y el manejo de estrés y habilidades dirigidas a la prevención de recaídas.

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