En un mundo en el que abundan los datos ambiguos e incompletos, la risa incentiva la posibilidad de poder detectar los posibles errores que ocurran.

Grandes pensadores de la antigüedad consideraron que solo los seres humanos reíamos, pero la ciencia ha demostrado a lo largo del tiempo quela risa se halla también en diferentes mamíferos (desde los roedores hasta los gorilas). Aunque existen condiciones neurológicas (por ejemplo, la epilepsia) y lesiones cerebrales específicas que pueden causar risa patológica, en general, se la asocia con un vínculo emocional y es una señal muy importante de interacción social positiva.

Cuando los seres humanos nos reímos con otros accedemos a un sistema evolutivo de los mamíferos muy antiguo que ayuda a mantener vínculos sociales y a regular emociones. Pero, ¿por qué nos reímos? Algunos investigadores explican que la risa surge cuando el cerebro se da cuenta de que ha cometido un error: es la reacción que se genera al percibir una inesperada incorrección en el procesamiento de la información.

El cerebro intenta todo el tiempo anticipar las situaciones: calcula por dónde va a pasar un auto al cruzarla calle, lo que va a decir la persona con la que conversamos o cómo va a moverse el jugador del equipo oponente en un partido. Sin embargo, las bromas juegan con lo imprevisto porque plantean un escenario determinado que conduce a una conclusión tramposa que va a ser rechazada en el remate. Entonces el cerebro cae en esa trampa, pero rápidamente advierte cierta incongruencia.

Darse cuenta de que las expectativas que teníamos eran equivocadas desata sorpresa y, luego… la risa. Se supone que en la evolución se seleccionó el humor porque la emoción placentera nos refuerza la habilidad de generar conjeturas y de inferir; además, el humor nos permitió vivir en un mundo de información incompleta a partir de la cual tenemos que tomar decisiones rápidamente. Se ha demostrado que la corteza frontal tiene un rol clave en este proceso junto con otras áreas cerebrales también relacionadas con la cognición social. Entre sus principales funciones se ocupa de incorporar y relacionar la información proveniente de nuestros sentidos y de funciones ejecutivas complejas como la planificación, el pensamiento abstracto, la toma de decisiones y la flexibilidad cognitiva.

Hoy sabemos que el humor ha sido un mecanismo evolutivo. Al liberar dopamina, serotonina y endorfinas en el cerebro, genera placer, mejora nuestro estado de ánimo y reduce el estrés. También entrena al sistema cognitivo en el procesamiento de información ambigua. En un mundo en el que abundan los datos ambiguos e incompletos, la risa incentiva la posibilidad de poder detectar los posibles errores que ocurran. Y nos ayuda con algo fundamental: sentirnos bien.

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