Los delincuentes piden un código de verificación, tras lo cual el usuario pierde automáticamente el control de su cuenta, que queda activa en otro dispositivo y acceden a los contactos de la víctima.

El verano 2026 arrancó con un fenómeno delictivo en plena expansión. Se trata de las estafas por clonación de WhatsApp, que registraron un aumento del 40% en el último mes, según datos de fiscalías y áreas de ciberdelito.

Se trata de una maniobra que es la puerta de ingreso al vaciamiento de cuentas y permite a los estafadores avanzar mediante engaños a terceros o escalando el fraude hacia otros servicios digitales. Adultos mayores, comerciantes y personas que usan WhatsApp para trabajar figuran entre los grupos más afectados. En muchos casos, el engaño se completa en menos de diez minutos.

El mecanismo es simple pero efectivo. El estafador se comunica con la víctima haciéndose pasar por un conocido, una empresa o incluso por el soporte técnico de la aplicación. Con distintos pretextos, le solicita un código de verificación de seis dígitos que llega por SMS. Al entregarlo, el usuario pierde automáticamente el acceso a su cuenta, que queda activa en otro dispositivo.

Desde ese momento, el delincuente escribe a los contactos guardados haciéndose pasar por la víctima. Los mensajes suelen apelar a la urgencia emocional: pedidos de préstamos, transferencias inmediatas o pagos "por única vez". En muchos casos, el engaño se concreta antes de que la persona logre advertir que su cuenta fue clonada.

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Un caso reciente ocurrió en el conurbano bonaerense, donde una mujer jubilada perdió más de 250 mil pesos luego de que le clonaran su cuenta de WhatsApp. Según la denuncia, recibió un mensaje de un supuesto familiar que le pidió reenviar un código por un error. Minutos después, el estafador comenzó a escribirle a sus contactos y logró que dos de ellos realizaran transferencias creyendo que la estaban ayudando. El hecho fue denunciado ante una fiscalía con competencia en ciberdelitos, donde se investigan maniobras similares que se repiten a diario en el AMBA.

Especialistas en delitos informáticos advierten que, si bien la clonación de WhatsApp no permite ingresar de manera directa a cuentas bancarias o billeteras virtuales, sí funciona como un primer paso clave para escalar la estafa. Con el control de la línea, los delincuentes se hacen pasar por la víctima y avanzan con maniobras de ingeniería social: contactan a bancos, billeteras o servicios digitales, inician procesos de recuperación de cuentas o engañan a terceros para obtener nuevos códigos y validaciones. En los casos más graves, cuando la víctima tiene el mismo correo electrónico vinculado y sin doble autenticación, el acceso puede extenderse a billeteras y aplicaciones financieras.

Las fiscalías advierten que los montos reclamados varían, pero se repiten transferencias de 50 mil, 100 mil o 300 mil pesos, aunque también hay casos por cifras mucho mayores. El dinero suele enviarse a cuentas bancarias de terceros o billeteras virtuales utilizadas como intermediarias, lo que dificulta su rastreo.

Los especialistas remarcan que WhatsApp es la plataforma más utilizada para este tipo de fraudes por su nivel de penetración social. La confianza previa entre contactos juega un rol clave: quien recibe el pedido cree estar hablando con un familiar, un amigo o un compañero de trabajo, y actúa sin verificar.

Entre las frases más usadas por los estafadores aparecen excusas como "te mandé un código por error", "me robaron el celular", "estoy con un problema urgente" o "después te explico". La combinación de urgencia y cercanía suele ser determinante para que la víctima caiga en la trampa.

Las autoridades insisten en que ninguna empresa ni persona legítima solicita códigos de verificación. Compartir ese número equivale a entregar la cuenta. También recomiendan activar la verificación en dos pasos, desconfiar de pedidos inesperados y cortar de inmediato cualquier comunicación sospechosa.

El crecimiento de este tipo de estafas refleja cómo el delito se adapta al uso cotidiano de la tecnología. Un mensaje, un código y unos minutos pueden ser suficientes para vaciar cuentas y generar pérdidas económicas difíciles de recuperar.

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