Los históricos bailarines en su momento entusiasmaron a Favaloro con el proyecto. Y médicos de la Fundación comprobaron a través de un exigente protocolo las virtudes de la danza rioplatense para la prevención e inclusive como parte del tratamiento de las afecciones cardíacas. En qué otras enfermedades se recomienda moverse al compás de tangos, valses y milongas.

Es llamativa la frecuencia con que los milongueros atribuyen a un virus su pasión por la danza del tango. Un virus para el que no quieren vacuna, claro, y con el que intentan explicar la irrefrenable necesidad de ir una y otra vez a la pista.

Paradójicamente es en esa enfermedad incurable donde se asienta la oportunidad de considerar al baile de tangos, valses y milongas como imperdible recurso de salud. Sucede que el ejercicio aeróbico de exigencia moderada (clave para prevenir y rehabilitar de tantas afecciones, en especial las cardíacas) tiene a menudo el problema de la deserción por aburrimiento, tendencia descartada en quienes son abrazados por el espíritu tanguero.

En 1999, el histórico bailarín Mayoral se acercó a saludar al doctor René Favaloro y aprovechó para preguntarle: “¿Se puede mejorar la salud bailando tango?” El milonguero y su pareja de baile y de vida Elsa María ya sabían intuitivamente, a través de años de exhibiciones y dictado de clases, que había alguna consecuencia beneficiosa. Y Favaloro impulsó un crucial paso más a esa idea: la comprobación científica que, a raíz de los buenos resultados en las pruebas, permitió desarrollar el programa Tango Saludable.

Elsa María -quien baila con Mayoral desde hace cincuenta años- publicó recientemente el libro Paso por Paso, Tango Saludable, que expone los fundamentos del método con aporte de médicos de diferentes áreas. El libro además contiene claves, secretos y códigos del baile de tango para finalmente ser tanto una demostración de la danza rioplatense como un manual milonguero diseñado por una pareja eximia que contribuyó en forma decisiva a la difusión -y el regreso a cierta masividad- del arte de arrabal.

La investigación respecto al efecto del tango en las afecciones cardíacas fue encomendada al doctor Roberto Peidro, ex director del Centro de Vida de la Fundación Favaloro. Peidro es cardiólogo especialista en prevención, ejercicio y rehabilitación cardiovascular. Su primer objetivo fue medir la intensidad de ejercicio que implica bailar tango e inmediatamente conocer qué “modificaciones cardíacas y respiratorias se generan”. Luego de chequear que no había experimentos anteriores similares junto a un grupo de colaboradores elaboró un protocolo para la exhaustiva observación.

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Las pruebas las realizaron diez parejas integradas por personas de entre 32 y 69 años. Se trabajó con los tangos La Cumparsita en una versión de la orquesta de Juan D’Arienzo y Quejas de Bandoneón interpretada por Aníbal Troilo con su orquesta y con la milonga La Puñalada, por D’Arienzo. Elsa María y Mayoral fueron los encargados de explicarles a los participantes cómo bailar. Y los médicos realizaron mediciones cardiológicas antes y durante el baile. Los resultados se publicaron en la Revista Argentina de Cardiología bajo el título Tango: Modificaciones Cardiorrespiratorias durante el baile.

Roberto Peidro, en el libro señala : “Pudimos comprobar que bailar tangos y milongas implica una actividad física similar a la aconsejada para la prevención del infarto de miocardio y la enfermedad ateroesclerótica en general. Esto nos llevó a aplicar programas de tango en pacientes que habían surgido un evento cardíaco (infarto, cirugía de by pass, angioplastía) y en aquellos con factores de riesgo para padecerlo. Se diseñaron planes de ejercicio que incluían tangos y milongas en forma intercalada, con o sin períodos de descanso entre cada tema y con diferentes orquestas que implicaban un ritmo de mayor o menor intensidad en el baile”.

El baile de tango se revela como una práctica eficaz contra el desarrollo de una serie de factores de riesgo para diversas enfermedades, como el colesterol, el sobrepeso, la hipertensión arterial, el estrés o el insomnio y también como una herramienta preventiva y/o de rehabilitación en cuadros como los del Alzheimer, la osteoporosis o el Parkinson, es decir que no sólo tiene incidencia en el campo cardiológico.

Las primeras investigaciones de Tango Saludable fueron emprendidas por la doctora Susana Lugfting, presidenta del Congreso Internacional de Buenos Aires, en 1995. En este terreno, Natalia Lorea, especialista en psiquiatría indica que “el tango como una terapia de movimiento alternativo podría mejorar el ánimo, la ansiedad, el estrés, el insomnio, la atención, los niveles de conciencia, la autoestima, la actividad física y la interacción social”.

Por otra parte hace cinco años un estudio en Australia concluyó que bailar tango “reduce el estrés, la ansiedad y la depresión”. Como apunta Elsa María, el beneficio en el estado anímico es una de las bases en la incidencia del baile de tango en Parkinson y Alzheimer, teniendo en cuenta que el 40 por ciento de los afectados sufre depresión. Y, sea cual fuere el problema, se sabe, a quien pique el bichito del tango difícilmente abandone la terapia.