Las vacaciones de invierno invitan al descanso con el objetivo principal de “recargar energías”, para afrontar con más motivación la segunda mitad del año. El desafío es que esas energías no se conviertan en alimentos poco saludables y conductas sedentarias que finalmente compliquen más el panorama y afecten la salud en general.

El frío, los días más cortos, el ocio, la disminución de obligaciones y el menor cúmulo de actividades, crean un escenario propicio para que chicos y grandes busquen en la comida una excesiva recompensa que muchas veces nos reintegrará a la vida activa con algunos kilos de más.

En opinión del Dr. Ricardo Olmedo (MN 44.791), médico especialista en Obesidad y Trastornos Alimentarios, "durante las vacaciones pasamos más horas frente al televisor y a la computadora, dormimos más, aumentamos la ingesta de productos dulces y de panadería, elaboramos comidas con mayor poder calórico (guisos, pastas) y apelamos a los snacks para acompañar los ratos libres entre horas".

Además, los especialistas destacan que también se debe combatir un antiguo mito que dice que "cuanto más frío hace, tengo más hambre y el cuerpo pide más calorías". En este sentido, explican: "Este mito corresponde absolutamente al pasado lejano: frente a temperaturas muy bajas, el hombre primitivo ingería mayor cantidad de calorías para que el cuerpo generara más calor. Pero hoy, si bien podemos tener algo de frío en la calle o al abrir una ventana, la mayoría vivimos en ciudades pobladas, con ambientes generalmente bien calefaccionados, y el organismo no necesita esas calorías extra que si las consumimos se convierten en grasa", insistió el Dr. Olmedo.

"Gracias a la tecnología, hoy vivimos casi todo el año con la misma temperatura, lo cual de alguna manera también le quita 'trabajo' al organismo y contribuye al aumento de peso", amplió sobre este aspecto el especialista en esta materia.

Con respecto a los niños, el aumento de peso puede traer consecuencias graves sobre su futuro, ya que un niño con sobrepeso casi seguro será un adulto obeso. Esto se produce porque en la etapa de crecimiento, las células del tejido adiposo no sólo aumentan de tamaño, como sucede con los adultos, sino que también se multiplican, cosa que prácticamente no ocurre en los adultos. Por lo tanto su futuro está más comprometido.

"Debemos proteger a nuestros niños del flagelo de la obesidad, que según la Organización Mundial de la Salud es una verdadera enfermedad que incrementa el riesgo de desarrollar otras afecciones como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, el accidente cerebrovascular, trastornos en los lípidos, enfermedades cardiovasculares en general y hasta algunos tipos de cáncer", subrayó el doctor Olmedo.

Pero más allá de estas recomendaciones generales, el Dr. Olmedo enfatiza que el sobrepeso y la obesidad lejos de ser un problema estético, representan una enfermedad que requiere la atención de un médico especializado en la materia. "El cuenta con herramientas, tanto desde lo conductual para modificar hábitos adquiridos, hasta la implementación de un programa integral de alimentación saludable; incluyendo también, en los casos en que el especialista lo considere apropiado, la utilización de medicaciones para la obesidad de reciente aprobación en la Argentina, que ayudarán al paciente a tener menos hambre y a poder cumplir con éxito el tratamiento", concluyó el Dr. Olmedo.

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