Su origen no fue el de la mayoría
de los santos sino que llegó a la religión cuando no pudo seguir siendo soldado mercenario como su padre
La Cruz Roja es una organización internacional que fundó el suizo Henri Dunant, un hombre que, por negocios, debió viajar al Norte de Italia, muy cerca de Solferino, el 24 de junio de 1859, justo el día en que se enfrentaban los ejércitos austríaco, francés y piamontés.
La batalla dejó como saldo miles de muertos y alrededor de 40 mil heridos, que quedaron a la buena de Dios, sin socorro. Ese contexto desgarrador le provocó a Dunant la necesidad de ayudar a esos hombres que morían, poco a poco, por la falta de asistencia y, junto a vecinos de la zona se dedicó a socorrerlos.
Más tarde bregó por la creación de un organismo que pudiera auxiliar a los hombres caídos en batalla, que se conoció como Cruz Roja. La iniciativa de Dunant fue ratificada durante la Convención de Ginebra y la cruz roja sobre campo blanco, el inverso de la bandera suiza, fue elegida como su símbolo en honor a los orígenes del filántropo.
Pero éste no fue el primer caso en el que sucedió algo así. Tres siglos antes, San Camilo hizo exactamente lo mismo.
El santo mercenario
Camilo de Lelis nació en 1550. Según cuentan los documentos su padre era un soldado mercenario, un profesional de la guerra, al que no le importaba mucho de qué lado peleaba, siempre que se le diera dinero. Incluso dicen que participó del saqueo de Roma en 1527.
Al igual que su padre, Camilo fue un jugador compulsivo, de escasa educación y, además, a los 18 años entró en el negocio de la guerra, para poder pagar sus deudas, a pesar de que sufría mucho de sus pies por unos abscesos crónicos que le aquejaban. Su problema con el juego era tal que un día perdió todo lo que podía salvarlo en caso de batalla: su espada, pistola y recipientes de pólvora.
Sin embargo, Camilo quería cambiar. Aunque le costó mucho. Primero intentó unirse a los Franciscanos, pero no triunfó en su intento. Su adicción por el juego era más fuerte. Pero el problema surgió cuando las heridas en sus pies no le permitieron luchar más y debió ser trasladado a Roma, donde fue internado en el hospicio de Santiago de los Incurables, lugar que fue el punto de apoyo para su conversión. Pidió que lo trataran de sus pies, a cambio de ayudar a cuidar a los enfermos.
Esta labor, de socorro a los moribundos, sirvió a Camilo para cambiar sus hábitos, para curarse espiritualmente y para dejar de una buena vez el juego. Además de espiritualmente, el futuro santo empezó a sanar físicamente, y las enfermedades lo dejaron en paz.
La guía espiritual
San Felipe Neri, fundador de la Congregación del Oratorio, tomó a Camilo como alumno, lo educó y lo protegió. Gracias a Felipe, el joven descarriado empezó a tomar el camino correcto y estudió gramática junto a los escolares del Colegio Jesuita Romano. En este ambiente, explican los creyentes, no sólo aprendió letras sino también mucha humildad.
A los 34 años, Camilo fue ordenado sacerdote y fundó su orden, llamada los Siervos de los enfermos, a través de la cual no sólo brindó asistencia a los enfermos y pobres, sino que también entregó consuelo a los moribundos.
Su pasado de guerrero y jugador le sirvió muchísimo para llevar a cabo su actividad de asistencia, ya que él había visto todo, nada lo sorprendía. Según cuentan, Camilo podía reconocer los signos de la adicción inmediatamente y entonces era capaz de comprender y ayudar a la gente que era desahuciada por otros.
Pronto la “compañía” extiende su labor más allá del ámbito hospitalario, asume la atención de los enfermos y moribundos a domicilio, de los afectados por las grandes pestes, incluso de los enfermos de las cárceles. El fundador elige como nombre para sus seguidores el de “Ministros de los Enfermos”.
El 18 de marzo de 1586 Sixto V aprueba y confirma aquella primera “compañía” como “congregación”, es decir le da un primer reconocimiento eclesiástico como forma de vida religiosa pero aún sin el vínculo de los votos públicos. Este llega en 1591 al ser declarada por Gregorio XIV Orden religiosa. Ese año Camilo y sus seguidores profesan castidad, pobreza, obediencia y servicio a los enfermos aun con riesgo de la propia vida. Ese último es el voto principal y característico de la Orden.
Los Ministros de los Enfermos están presentes en grandes pestes y catástrofes de la época, en la atención a los pobres e incluso en los campos de batalla. Eran reconocidos por llevar una cruz roja bordada en sus hábitos. Tras tantos años de servicio, Camilo murió en Roma el 14 de julio de 1614.