En el camino
Y en el camino están los bocinazos de los autos armando su sinfonía. También están las banderas que salen de las ventanillas, vistiendo la Avenida Hipólito Yrigoyen de granate. Una marea transita 9 de Julio y, paso previo, frente a la sede social del club, eleva la voz y remarca el "dale campeón, dale campeón". Otra pasa el bajo nivel Rosas, de oeste a este, recorre Arias y ya, a la distancia, observa el cielo gris iluminado por las luces de la cancha, esa Meca que la espera para escuchar su "minuto de silencio para Banfield..."
De esa manera la Fortaleza toma color y calor. Se llena, de a poco, mientras los jugadores siguen disfrutando en el Monumental. Ellos, los que no estuvieron en el partido, quieren su festejo especial. Y lo tienen al rato, cuando el plantel entra de incógnito al campo de juego evidenciando otra marea granate, ésta, diferente: con una copa -la Copa-, alzada por un puñado de manos.
El cielo, en ese instante, en ese punto central de Lanús Este, se tiñe de blanco y granate mientras los celulares despliegan sus flashes. Porque nadie se quiere perder la fiesta y cada uno quiere vitorear al campeón.
Todos y cada uno
Todos, sin dudas. Aquellos dos ancianos que se deleitaron con este modelo 2016 de un equipo que les hizo recordar viejas épocas, las de los Globetrotters y los Albañiles de los 50' y 60'. Ese cuarentón que mira de reojo, mientras Lautaro Acosta levanta el trofeo actual, la estampa en la pared de la gloria de la Conmebol de hace 20 años en Colombia o la estrella inicial en el ámbito doméstico de 2007 con los pibes de Ramón Cabrero. Y también los más jóvenes que se suben al alambrado para agradecerles a los futbolistas como lo hicieron hace no mucho, en 2013, con la Sudamericana.
Y también está el semillero. Porque una coronación así se vive en familia. Y por eso ese papá llevó a sus dos gemelos que no pasaban los tres años y que estaban vestidos igual, a puro granate, sólo diferenciados por su bufanda, él de azul y ella de rosa. Cantando, alentando, disfrutando de algo que probablemente no recuerden en un futuro, pero que seguramente no se van a olvidar más, como ocurre hoy con todos y cada uno de los hinchas de Lanús.
En la región es todo felicidad absoluta, única, irrepetible. O, más bien, que quieren repetir en el corto plazo, soñando, por qué no, con la ilusión de seguir dando vueltas en el plano local e internacional.
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