Esther Maciel de Lazzarino es una testigo privilegiada del crecimiento del barrio, un pedazo de historia del desarrollo de todo el partido de Lanús, que con muchísima lucidez nos relata en esta nota.

Cuando llegó a Villa Barceló no eran muchas las casas que se veían y los vecinos se contaban con los dedos de la mano. Testigo privilegiada del crecimiento del barrio, es un pedazo de historia que con muchísima lucidez puede relatar anécdotas y recuerdos de su infancia. Así, entre historias, amigos y familia, Juana María Esther Maciel de Lazzarino festejó cien años de vida. “Ni se llamaba Lanús cuando yo vivía acá”, recordó entre risas.

Esther, como la conocen en el barrio, nació en la ciudad de Las Flores, un 12 de abril de 1918. Para tomar dimensión de lo que significa su vida, sus nietos relatan orgullosos: “Cuando nació mi abuela, la radio no había transmitido por primera en Argentina, ni se había jugado un mundial de fútbol. Hoy ella mira fotos y videos en un celular, que hasta sabe manejar bastante bien. Su vida es un pasaje desde un mundo que nos contaron hasta el que conocemos. Es un manual de historia vivo”.

Pero ella mejor que nadie para relatar lo que vivió: “Tengo la suerte de tener muchos recuerdos. Tuve una infancia muy feliz en Las Flores, en el campo, junto a mis hermanos. Mi padre era un hombre amable y muy honesto. Nosotros éramos muy bravos y la disciplina la ponía mi madre, que era más estricta. Tengo el recuerdo vivo, como si fuera hoy, del día que ganó las elecciones Hipólito Yrigoyen, en 1928, ya que mi papá estaba muy feliz. Mi mamá no tanto, porque era conservadora”.

Así, con esa lucidez y una simpatía sin igual, Esther cuenta anécdotas que son propias de otro tiempo, un tiempo que también fue suyo, aunque resulte lejano. Se ríe cuando se da cuenta de que las cosas que cuenta son difíciles de asimilar para el resto, cuando nombra a personajes públicos como Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Agustín Justo o hasta el mismísimo Alberto Barceló, quien le diera nombre al barrio en el que vive. Fue contemporánea de todos. Pero su mejor recuerdo siempre es para Juan Perón y Eva Duarte.

“La mamma”

A poco de morir su padre y siendo una niña, partió a la casa de sus tíos donde desde muy chica se desempeñó en la cocina. “Hoy suena un poco feo, pero en esa época se acostumbraba. A mí me mandaron a lo de mis tíos y tuve que trabajar en la casa de ellos. Al tiempo me vine a Buenos Aires con un hermano”, relató.

Después de conocer a su marido, Lorenzo Lazzarino, vivieron un tiempo en la ciudad de Buenos Aires, donde nacieron Marta y Oscar, sus hijos, y ya después se radicaron definitivamente en Lanús. “Empecé a trabajar en la Escuela 30 y allí me jubilé. No hay un trabajo más lindo que el de estar con los chicos. Yo era la portera y a veces me causa gracia cruzarme con chicos que iban al colegio y que hoy ya son abuelos”.

Así, entre familiares, amigos e historias, la histórica portera de la Escuela 30, la que amamantó a varios vecinos que hoy son abuelos y que le valió el mote de "la mamma", festejó cien años de vida.

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