Petit amplió: "En escena aparecen las dos hijas y los dos padres, en diferentes momentos de sus vidas, y en un momento las historias se cruzan. La obra se llama "Retazos" porque justamente no se cuenta "una historia" sino que se van construyendo las historias a partir de esos fragmentos o retazos de vida".
Tras la muerte de su padre y años de terapia, Petit pudo resignificar el tema. Pero sin duda la cruzada más difícil para la autora fue la de ubicar la imagen de su padre con sus las ambivalencias que ello genera.
"El vínculo con mi papá, mi historia con él y mi forma de recordarlo son una gran ambivalencia. Como se dice en la obra, mi papá fue el gran hombre de mi vida, yo lo amé muchísimo como padre. Y a la vez, a medida que fui entendiendo de qué 'trabajaba', y en qué contexto, no sabía qué hacer con el amor que le tenía, hasta llegué a culparme por quererlo".
"Es complejo. Yo siempre digo que si tu papá es un militar, por ejemplo, vos crecés sabiendo que tu papá es militar y te vas constituyendo en base a eso. Para mí, mi papá trabajaba vendiendo en un negocio. Un día me enteré que trabajaba "en Presidencia", pero yo me enteré cuando ya hacía 10 años que estaba ahí. Y mucho después supe qué era exactamente el lugar donde trabajaba, y después aún, qué había significado durante la dictadura. Entonces tuve que ir construyendo y reconstruyendo en base a lo poco que iba sabiendo, de a retazos, como en la obra".