
El tenista argentino, hijo de Jorge Burruchaga y una de las promesas del circuito, denunció mensajes intimidatorios que exigían perder el partido bajo amenazas a su familia.
Román Burruchaga denunció haber sido amenazado de muerte contra él y su familia en la previa de la semifinal del Challenger de Rosario, que se disputa en el Club Jockey. El hecho ocurrió pocas horas antes de enfrentar al taiwanés Chun-Hsin Tseng y fue formalizado en la Comisaría 17ª de la ciudad, donde quedó asentada la presentación policial.
Según consta en el acta oficial, el jugador recibió los mensajes a través de WhatsApp mientras se trasladaba con su entrenador hacia el predio. Las amenazas provenían de un número extranjero desconocido e incluían referencias directas a sus padres, datos personales reales y exigencias explícitas para que perdiera el partido sin ganar sets, bajo advertencias de represalias. Entre los mensajes también se adjuntó una imagen de un arma de fuego.
La directora del torneo, María Gabriela Larrosa, dio aviso a las autoridades cuando el encuentro ya se estaba disputando. A partir de allí, la policía dispuso custodia inmediata para Burruchaga y reforzó la seguridad en el perímetro del club por orden de la fiscal de turno, que además instruyó vigilancia continua durante 24 horas. El procedimiento incluyó la toma de declaración del tenista, el relevamiento de cámaras de seguridad y el envío de las capturas a la fiscalía del Ministerio Público de la Acusación.
Burruchaga, de 24 años, es uno de los nombres en crecimiento del tenis argentino. Hijo de Jorge Burruchaga, campeón del mundo con la Selección en México 1986, se formó en el circuito ITF y Challenger y logró consolidarse entre los 120 mejores del ranking ATP. En Rosario, llegó a la semifinal tras una sólida campaña y, pese al impacto de las amenazas, logró imponerse a Tseng y avanzar a la final del certamen.
Nikolás Sánchez, un antecedente inmediato en el Challenger de Rosario (Foto: Instagram).
El episodio se sumó a un antecedente inmediato en el mismo torneo, cuando el español Nikolas Sánchez Izquierdo denunció amenazas similares antes de jugar los octavos de final, lo que obligó a disputar ese encuentro sin público y con fuerte presencia policial. La reiteración de los hechos encendió una nueva alarma sobre la presión ilegal de apostadores en el tenis y mantiene en alerta a la organización y a las fuerzas de seguridad mientras continúa el Challenger.