Con un cambio de mentalidad, Gabriela Sabatini se convirtió en la primera mujer argentina en conquistar este título. Fue el mayor logro de su corta carrera y lo consiguió a puro talento

Ese torneo fue distinto a todos para ella. En el Us Open de 1990, Gabriela Sabatini mostró una faceta que tenía escondida. Al talento sobrenatural le agregó mentalidad ganadora, coraje y ataque. "Instinto asesino", le llaman en el tenis. Así se llevó el título  al vencer en la final a su bestia negra, la alemana Steffi Graf por 6-2 y 7-6. 

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El partido con Graff fue la culminación de un trabajo minucioso y profundo sobre Sabatini.  Talentosa y despreocupada,  Gabriela tenía en sus manos la bohemia de un artista. De la mano de Carlos Kirmayr, la tenista argentina encaminó su rumbo a un trabajo más enfocado no sólo en lo físico, sino también en la concentración.  Se centró en la profesionalización de su carrera  y con la ayuda de Jim Loher, un psicólogo deportivo, tallaron el alma de campeona que Sabatini tenía escondida.

La motivación, la toma de decisiones y la aparición del instinto de ataque fueron las búsquedas.  Su entrenador hizo un trabajo mental, pidió reducir su entorno y que empiece a tomar su toma de decisiones. Osvaldo -su hermano- fue el único miembro de la familia que la acompañó durante todo el torneo y el sostén durante la instancia en Nueva York.  Mayor libertad y confianza en sí misma afuera de la cancha se tradujo en una nueva jugadora.  

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Durante ese  torneo en Flushing Meadows, Sabatini venció fácil a Kathy Jordan, a Isabelle Demongeot y a Sabine Appelmans. La primera prueba de fuego llegó en la cuarta ronda, en el choque contra Helena Sukova. La checa había sido finalista dos veces en el Australian Open (1986 y 1989) y finalista en el Abierto de Estados Unidos en 1989. La tenista argentina mostró su "nuevo repertorio ofensivo". Un juego generado a base de su saque, un peloteo corto y el poder de la volea.

Luego de derrotarla enfrentó la sorprendente Leila Mishki en Cuartos de final y también la sortearía fácilmente.  Después llegó  la semifinal ante a Mary Joe Fernández en la que Sabatini ganó en el tercer set por 7-5, 5-7 y 6-3. Tras ese encuentro, la argentina se sintió ganadora. Incluso sabía que no se le podía escapar. 

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Puño cerrado y festejos. "Vamos, vamos", se gritó Sabatini durante todo ese torneo.  Señales nunca antes vistas en Sabatini, durante esos días,  no pensaba en otra cosa que no sea el título. En la semifinal, contra Mary Joe Fernández,  incluso Gaby  dejó de lado el traje de gala y se puso el overol.

Voló de cabeza dos veces a buscar una pelota. La primera, no lo consiguió. La segunda –en el 5-3 del tercer set- llegó con su brazo estirado para controlarla con su talento. Cayó y dio una vuelta en el piso.  "Fue el mejor tiro que hice en mi vida", cuando se refirió a ese tiro.  

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El instinto asesino del que hablaba su entorno estuvo más que nunca en la final. "Antes de entrar a la cancha me dije: tenés que dejar el alma en cada punto", explicó a la Revista El Gráfico.  Las palabras no fueron grandilocuentes, pero así encontró su enfoque.  Movilidad, drives cruzados y ataques a la red fueron la combinación que usó una y otra vez para cerrarle los caminos a su bestia negra alemana. 

Match Point. El drive cruzado de Graf pegó en la faja, se levantó y voló. Sabatini armó, la y jugó una derecha paralela. Arriesgada, claro.  No podía no ser de otra manera, hasta la alemana se acercó a ver el pique, pero ya nada iba a cambiar.  Gaby estaba saltando, mostrando toda su alegría y tuvo ese abrazo con su hermano que se inmortalizó en las retinas.

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