El experimentado actor Ricardo Díaz Mourelle está logrando a partir de “Tontos por amor” compartir una obra con su hija Julieta Díaz
“Trabajar con Juli, a quien todo el mundo ya conoce, es como tocar el cielo con las manos; para mí mi hija es mi mayor alegría y estar sobre el mismo escenario es una experiencia maravillosa”, confió Díaz Mourelle.
“Siempre fantaseábamos con el día que nos íbamos a encontrar haciendo teatro juntos, pero que sea con un texto de Shepard le da un marco mucho más interesante”, abundó.
Según Díaz Mourelle: “Julieta empezó a estudiar teatro a los 11 años, pero antes de eso yo la llevaba al teatro y a mí me vio en todas las obras que hacía, incluso en Teatro Abierto, cuando hice ‘El nuevo mundo’, de Carlos Somigliana, con José María Gutiérrez, Martha Bianchi, Mario Luciani, el Flaco Núñez...”.
Ya desde entonces Julieta “se aprendía los personajes de memoria, y a los 11 años comenzó a estudiar danzas y luego teatro, justamente con Rubens Correa, y también con Javier Margulis y Cristina Moreira, que también fue mi maestra”.
El progenitor afirmó tener un modo de entendimiento especial con su hija en la forma de enfocar los personajes, al que se les analiza la estructura, se los desmenuza y se los va limando de acuerdo a códigos familiares.
“Ella quiere que yo reflexione sobre lo que hace y a mí también me interesa su opinión sobre lo mío, pero de todos modos creo que está muy mezclado por la relación familiar: ella me considera un actor medio mítico y me tiene como referencia directa”, remató quien el año pasado montó el unipersonal “¿Dónde te olvidaste así de mí?”.