Hay que ubicarlas en un sitio bien iluminado, pero no al sol directo, y cuidarlas del calor seco de los hogares si se ubican en el interior
Comúnmente conocida como azalea, y por su nombre científico como azalea japónica, este arbusto de follaje persistente, semipersistente o caduco muy ramificado, pertenece a la familia de las Ericaeae. Es originario de China y ofrece cerca de 700 variedades de azalea Es de crecimiento lento y llega a alcanzar entre 1 a 1,5 metros de altura. Sus hojas son de forma elípticas y vellosas en la cara inferior. Las flores son de entre 5 y 7 cm de diámetro, solitarias o agrupadas en la extremidad de las ramificaciones y pueden ser de color blanco, rosado, jaspeado o violáceo.
Florecen de modo natural al inicio de la primavera. Pero en los invernaderos pueden obtenerse flores durante el invierno. Es considerada una planta tanto de jardín como de interior. La azalea no es propiamente una planta de interior, pero se puede mantener en la época de floración, con la precaución de sacarlas al exterior una vez finalizada la floración. También son aptas para la práctica del bonsai, gracias a sus raíces pequeñas y ramillas firmes y leñosas.
Se deben colocar en un lugar bien iluminado, pero no al sol y durante el verano conviene colocar las macetas de azaleas en lugares sombreados y lejos de los rayos directos del sol. Se desarrollan de forma óptima con una temperatura ideal en invierno de 13ºC. En un ambiente con temperatura superiores se secan tanto las hojas como las flores. Tienen resistencia al frío (hasta -3°C) y prefieren un ambiente húmedo.
Si se la cultiva en el interior de la casa, debe evitarse el calor seco, debido a que de otro manera se marchitan en poco tiempo las flores y las hojas. El pH de la tierra más apropiado es el que sea ligeramente ácido (5,5), que filtre bien y esté abonado con un compost que esté muy mojado.
En cuanto al abono, debemos emplear 3 a 5 gramos de fertilizante completo (tipo triple 15) y 1 gramo de sulfato de amonio esparcido debajo de la capa o disuelto en el agua de riego al comenzar la primavera y a finales del verano. Esto asegura su desarrollo y floración.
Si se cultivan en maceta, conviene echarles fertilizante líquido cada 15 días en la época de floración. También hay que aplicarles quelatos de hierro después de la floración y renovar el sustrato cada 2 o 3 años.
La poda debe realizarse despuntando todos los ramos del año a pulgares cortos de 2 o 3 yemas laterales, es decir, cortándolos justo por encima de la segunda o tercera yema contada desde su inserción. De estas yemas surgirán brotes que al año siguiente darán en la punta una flor. Cuantos más brotes más flores. Es decir, la planta ramifica y tiene una apariencia más compacta y da más flores.
Si es necesario se puede corregir la asimetría para mejorar la apariencia, por ejemplo, si está la copa descompensada. En las azaleas, es común que algunas ramas se disparen de crecimiento después de la floración, por eso conviene rebajarlas antes del invierno. También conviene suprimir flores y frutos pasados que afean y consumen energías del arbusto, las ramas cruzadas, mal orientadas o que enmarañan el arbusto; las ramas muertas, secas, rotas o enfermas y los rebrotes del pie del arbusto que sean débiles.