Siempre fue amigo del deporte, a partir de que su padre fue parte de la familia del ciclismo de ruta. Ese representó el primer eslabón de su elección. "Por lo general me vinculaba con actividades alternativas. Los chicos jugaban al fútbol, yo elegía treparme a un árbol o iba en bicicleta a hacer alguna exploración", establece Guillermo Tula. Cuando estudiaba educación física en Las Heras, a través de las revistas se encontró con el montañismo. Así, a los 23 años, arrancó como un hobby y hoy es un soldado del montañismo.

Así, la primera escalada fue en Tandil, en 2007, en la Villa Barker, un pueblo distante 60 kilómetros de esa ciudad, con unos 420 metros de altura. Más adelante hizo tres picos con una altura de 1.239 metros en Saldungaray. Allí trepó en Sierra de la Ventana, Cerro Ventana y un tercero en el Parque Provincial Tornquist. Y más adelante incursionó en el Champaquí, en el valle de Traslasierra, de Córdoba.

"Para escalar hay que hacerlo en forma gradual, ya que uno debe aprender, conocer la geografía y ver todos los detalles. Arranqué con 1.200 metros en Tandil y seguí con 2.800 en Córdoba", define. Y en esa línea, en noviembre de 2012 fue el momento de buscar más altura. Fue por los 6 mil metros en Mendoza. Hubo un intento fallido, pero finalmente logró el objetivo.

Límites

"Hasta 6 mil metros el organismo se adapta. En la última parte, luego del período de aclimatación, me desperté apunado, entonces hidraté mucho. Decidí subir, hice tres horas no daba más por la altura, seguí hidratando, pero no pude seguir. Bajé al refugio y decidí abortar. Por ello busqué un cinco mil metros y lo conseguí", relata sobre aquella expedición en Vallecito, Mendoza.