El INDEC que deshizo a hachazos Guillermo Moreno ya es una mochila insufrible para el propio gobierno. Aunque lo defiendan y se indignen porque nadie les cree.
Pasó por primera vez. Tenía que pasar. Le sucedió a la Argentina. Nunca en 69 años había acontecido. El Fondo Monetario Internacional (FMI), fundado en 1944, censuró anteayer a uno de sus 188 gobiernos miembros. Era la Argentina.

La declaración del FMI sostiene que la Argentina se niega a facilitar estadísticas confiables sobre su inflación y la evolución del Producto Interior Bruto (PIB). Horas más tarde, Hernán Lorenzino tuvo que salir a prometer para mediados de año la creación de un nuevo cálculo de la evolución del costo de la vida. Ministro de Economía, Lorenzino necesitó atacar el pedido del Fondo, pero lo importante es lo que prometió.

El INDEC que deshizo a hachazos Guillermo Moreno ya es una mochila insufrible para el propio gobierno. Aunque lo defiendan y se indignen porque nadie les cree. La inflación galopa al 25% anual en este país, uno de los cuatro de mayor inflación en todo el planeta.

Días atrás, en el vecino Uruguay, el presidente José Mujica salió a proclamar que el peor enemigo de los trabajadores es la inflación. Cristina Fernández no piensa así. Mujica purgó trece años de cárcel bajo la dictadura uruguaya por ser un tupamaro en armas. La presidente argentina se ha definido como una 'exitosa abogada' por su carrera profesional en la Patagonia durante la dictadura, entre 1976 y 1983.

A fines de 2012, Christian Lagarde, directora general del FMI, había advertido ya a la Casa Rosada con sacarle 'tarjeta roja' si no mejoraba sustancialmente sus insólitas e imprecisas estadísticas. Hubo incluso varios encuentros entre funcionarios argentinos y técnicos del FMI. No anduvo. La Casa Rosada no dio el brazo a torcer. Los cambios propuestos por el cristinismo no 'han sido suficientes'. Conclusión: el FMI emplaza ahora a Argentina para que arregle 'la falta de precisión' de sus datos si es que no desea verse privado de los recursos financieros del Fondo. La tarjeta roja tiene plazo de vencimiento: el próximo 29 de setiembre.

Para que se entienda, éste es el primer paso. Para el FMI la declaración de censura es la medida inicial prevista en sus estatutos para expulsar de su seno al país que no muestra estadísticas sólidas por ser fiables. El FMI no quiere echar a la Argentina. Pese a las constantes victimizaciones de Cristina, el Fondo trata de evitar esa medida y abrió un compás de espera para dialogar.

Lagarde tiene que reportar a la junta de directores del FMI antes del 13 de noviembre si la Argentina sigue jugando juegos y pretende 'zafar' sin mostrar los números que se le piden. Moraleja: al llegar esa fecha, el directorio del FMI revisará nuevamente la situación argentina tal como estipulan sus normas.

Hay una brecha monumental entre la realidad de las góndolas de los supermercados y la pantomima de costo de vida que exhibe el gobierno. Para Moreno estamos en un 10% anual, pero la vasta mayoría de la sociedad sabe que el costo de vida navega a un 25% de crecimiento anual. Es demasiado grande el abismo.

La manipulación que ha hecho la Casa Rosada ha sido una mentira de patas cortas.

Cristina dice que no hay manipulación. La semana que termina usó la palabra inflación dos veces, en un largo discurso, pero en ambos casos fue con tanta reticencia que no se sabe si debe ser tomada o no al pie de la letra.

El gobierno no puede negar que ha falsificado las cifras para pagar menos intereses a los acreedores que tienen en su poder bonos argentinos comprados con cláusula de ajuste por inflación. Viveza criolla. Nadie se daría cuenta.

Cuando pasó por la Universidad de Harvard el año pasado, además de echarle una mano de alquitrán a la Universidad Nacional de La Matanza, Cristina fue interrogada por los estudiantes por la inflación argentina. Imperturbablemente, la Presidente se defendió sin responder. De hecho, admitió la mentira argentina, pero alegó que todos mienten.

Dijo: 'Hay una postura del Fondo Monetario absolutamente muy de oposición a la Argentina. Yo pregunto cuáles eran las estadísticas de España, cuáles eran las estadísticas de Grecia, cuáles eran las estadísticas de Portugal, las de Inglaterra, las de Estados Unidos. ¿Vos realmente creés? ¿Cuánto es la inflación oficial en este país? Dos por ciento. ¿Realmente todos ustedes creen que el costo de vida en Estados Unidos crece únicamente el dos por ciento anual? Yo creo que atrás de todo esto no hay una cuestión de estadísticas o una cuestión económica, hay una cuestión profundamente política de castigar a aquellos que pueden constituir un mal ejemplo'.

Ahora, exhibida ante el mundo como un socio de mala conducta, la Argentina camina por la cuerda floja.

No son los economistas neoliberales los que admiten que el FMI dice la verdad. Son los sindicatos peronistas, que no le creen al INDEC y preparan un 2013 movido. Lo que la Argentina no puede es imaginar que se saldrá con la suya.

Si quiere seguir en el mundo, deberá cesar estos años de tramoyas estadísticas. Pero si no quiere, no puede ignorar que tarjeta roja significa expulsión. Expulsión es soledad. Soledad es aislamiento. El gobierno inventará un nuevo índice de inflación antes de septiembre. Procurará que el FMI le crea.

Dijo Perón: 'Cuando leo o me dicen algo, lo primero que hago es discernir si ello es o no. No sea que diga que es león y luego resulte que es perro' ('Fuerzas espirituales del peronismo', Subsecretaría de Informaciones, Presidencia de la Nación).

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