Está cerca y es un clásico de todo el año. Hablamos de Chascomús, clásica laguna del corredor de Ruta 2 a la que accedemos desde Buenos Aires y La Plata por la moderna autovía que nos conecta con las Encadenadas. Allí, nos propusimos el desafío de llevar a nuestros lectores una nota de pesca en un sitio accesible, sin pagar entradas a pesqueros, y desde la orilla.
Claro que nos fácil el desafío, pues sabemos que este tipo de pesqueros tienen una excesiva presión de pesca extractiva, por eso muchos pescadores locales que practican pesca con devolución son reacios a revelar sus “cuevas” dado que luego los “matatutti” nada dejan llevándose hasta taruchas mínimas.
Debido a ello, vamos a dar precisiones sobre un pesquero de carpas -especie invasora cuyo consumo hasta debería ser fomentado pues carece de controles naturales- y vamos a preservar el dato de pesca de tarariras, dejando a criterio del guía compartir el point exacto de dicha pesca con aficionados que estén en su misma sintonía de hacer una pesca sustentable preservando un recurso vulnerable como es la tararira. Respecto de las carpas, que abundan en toda la laguna, son particularmente hallables en el murallón costero de la ciudad. En esta oportunidad, trabajamos la franja que está comprendida entre el muelle público y unos 300 metros hacia la izquierda. Si el viento es nulo o el agua no está batida, las carpas arrimarán a la orilla, y muchas veces un observador atento podrá verlas boqueando y tomando panaderos o migas de pan o galletitas que mucha gente les tira. En ese contexto, hasta es posible pescarlas con mosca. Nuestro guía del día, Leo Damario, hijo de otros crack de la zona como Jorge “bigote” Damario, nos hizo pescarlas con unas moscas que ata similares a migas de pan: una cabeza de foam y tres tiras de mopp como las que se usan para hacer las afamadas moscas mopp fly. Solo bastaba ver una carpa alimentándose, tirarle la mosca cerca y esperar que a confunda con una miga, generándose luego de la clavada una magnífica pelea. También las pescamos a la usanza tradicional, tanto con las líneas coreanas, como en un sistema mas sencillo: un esmerillón tripla con dos bajadas y masa con batata y esencia de vainilla encarnada en dos anzuelos simples grandes. Sin plomadas. El peso de la masa en los anzuelos nos permitía tirar unos 10 metros, cosa suficiente para esperar el pique, dado por una llevada firme, dado que el pez, al no tener línea de por medio, come con confianza.
n fueron grandes, todas de 1 a 2,5 kilos, pero la pesca se hizo por demás entretenida obteniendo siete carpas en tres horas.
Luego del almuerzo, destinamos la tarde a recorrer la laguna en su camino de circunvalación, bajándonos a vadear en diversos arroyo que cruzan el mismo. Así, logramos dar con hermosas tarariras, que se mostraron erráticas durante casi toda la tarde, atacando tarde los engaños y acertando pocas veces a las cucharas de superficie tipo Goziolure, Don KB, o Moss Boss, señuelos tipo “sliders” (deslizadores) ideales para trabajar encima de la vegetación ya que el anzuelo está posicionado como la cola de un escorpión, por lo que no enganchan basura.
Lo mejor de esta pesca taruchera estuvo, sin lugar a dudas, en la dos últimas horas solares. Allí sí que las tarariras comieron firmes, logrando cinco ejemplares -y perdiendo unos 7 piques más- en poco más de una hora, hasta que se puso el sol y debimos cortar la pesca.
Como dijimos, por desgracia en nuestra recorrida vimos mucha gente matando ejemplares, ocasionando gran daño a una especie en recuperación que está reproduciendo y que viene de un lento proceso de repoblamiento de ámbitos palustres tras una década donde casi brilló por su ausencia. Por eso nuestra recomendación es siempre pescarlas y devolverlas, algo distinto al caso de las carpas, cuyo consumo fomentamos.