Según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina nacen 322 niños al día de madres adolescentes. La licenciada Adriana Marcela López (MN 23.655), psicóloga titular de una institución destinada a trabajar en la prevención primaria de la salud física y mental de los individuos, intentando prevenir la enfermedad y los desórdenes emocionales, "creemos y hemos comprobado en el último Congreso Internacional al que asistimos, lo importante que es el trabajo de prevención en este tema. Siendo la educación, la contención familiar, los programas destinados a favorecer el desarrollo integral de los adolescentes el camino necesario para reducir la cantidad de embarazos en esta etapa", nos dice la licenciada López.
Dedicadas a trabajar sobre el impacto emocional, las especialistas de Momento Cero (M0), la institución que dirige López y es integrada totalmente por especialistas mujeres, indican que "observamos que luego de recibida la noticia, cada núcleo familiar se enfrentará con un sinfín de emociones. Surgen ansiedades y temores mediatos e inmediatos sobre el futuro, de cada uno de los integrantes involucrados (los padres, los futuros abuelos, el nuevo bebé)", revela la titular de M0, fundadora de la institución.
Por otra parte, la licenciada Emilia Canzutti (MN 90.400), también fundadora de la institución, asegura que "según las influencias sociales, culturales y la historia de cada familia, será el tipo de respuesta que se implementará para hacer frente a esta situación, a este nuevo desafío. Todas estas circunstancias hacen que consideremos muy recomendado hacer una consulta con un especialista, acercarnos a centros apropiados para ser ayudados a comprender mejor lo que nos toca vivir, y poder recibir al nuevo ser en mejores condiciones emocionales".
Además, destacan que estos embarazos acarrean riesgos físicos tanto para la mamá como para el bebé dado que hay más probabilidades de que existan complicaciones en el embarazo y en el parto. Aunque también es cierto que los riesgos obstétricos, neonatales e infantiles de la población son muchas veces más el resultado del medio ambiente en que viven por la pobreza, desnutrición, y la mala salud de las madres.
Si bien el embarazo adolescente ocurre en todo el mundo y en todos los niveles socioeconómicos, está absolutamente emparentado con la educación y la pobreza. Las chicas de grupos marginados son, al menos, tres veces más propensas a quedar embarazadas que sus pares de zonas urbanas más educadas.
Un informe de UNICEF elaborado en base a datos del Ministerio de Salud de la Nación 2013, también da cuenta del aumento en la tasa de fecundidad adolescente precoz (10 a 14 años), que pasó de 1,8 en 2001 a 1,9 en 2011. Es decir, la tasa de fecundidad adolescente total aumentó un 15% en la última década. Y representa el 15% del total de nacimientos en el país, que rondan los 750 mil al año.
La adolescencia es un largo proceso en el que se comienza a dejar de ser niños para ir convirtiéndose de a poco en adultos. Sabemos que lleva varios años. En este período hay muchas transformaciones tanto físicas, como psicológicas que afectan la emocionalidad de los adolescentes. Es una etapa de descubrimiento de la propia identidad psicológica, sexual y de la consecución paulatina de la autonomía.
Por otro lado el inicio de un embarazo, la llegada de un hijo a la vida, implica también un proceso de cambios y movilizaciones emocionales. Si tenemos en cuenta esto, podemos deducir fácilmente que el embarazo en un adolescente se transforma muchas veces en un problema, pues se tratan de mujeres que por su configuración anatómica y psicológica aún no han alcanzado la madurez necesaria para cumplir el rol de madre, y hacer frente a todo lo que la maternidad implica. "Se trata de una mujer que aun siendo niña, se convertirá en madre".