Reciclar, reutilizar y reducir, términos que décadas atrás sólo utilizaban activistas del ambiente, se convirtieron en hábitos comunes de vecinos que participan de la separación de residuos, de niños que desde muy pequeños saben diferenciar tipos de basura, de empresas que separan en origen y se consolidaron en políticas públicas, lo que llevó a la Unesco a disponer de un Día Mundial del Reciclaje que se conmemora el 17 de mayo.
La fecha busca difundir el respeto por el ambiente y la importancia de la práctica de reciclaje, la reutilización de materiales y la reducción del consumo de productos poco amigables para el planeta, como envases con exceso de plástico.
Los 3 millones de habitantes de la ciudad de Buenos Aires, junto a los 3,5 millones y medio de personas que la visitan diariamente, generan unas “6.500 toneladas de residuos por día, de las cuales se procesa el 73% y de ese porcentaje, se recupera un 78%. Es decir que, el recupero neto de la basura producida es el 57%”, precisaron fuentes del ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño.
Pocos kilómetros hacia el sur, en el municipio de Avellaneda, diariamente se producen unas 340 toneladas de residuos de los cuales “entre el 40 y el 60 por ciento se pueden reciclar”, destacó Griselda Seoane, de la Dirección de Higiene Urbana de la comuna.
“Vivimos un cambio de paradigma. Hace poco más de dos décadas, se intentaba explicar qué era reciclar, por qué era importante hacerlo y cuáles eran los métodos más efectivos. En la actualidad, y como consecuencia de incorporar el cuidado del medio ambiente como política pública de muchos municipios, hay cosas que ya están incorporadas en los ciudadanos”, explicó Seoane. “Todo empieza por casa. Si todos los vecinos pudieran separar los residuos secos, como papel, cartón y botellas; de los húmedos u orgánicos evitaríamos enterrar más de la mitad de la basura”, explicó Seoane y recordó que en su municipio funciona un servicio diferenciado para la recolección de “secos o reciclables”.
Un grupo de voluntarios del partido de Quilmes creó la organización Eco.Punto Bernal y un sábado al mes juntan material reciclable, lo clasifican y llevan a la cooperativa de cartoneros de Villa Itatí.
“Lo más lindo de la actividad es que lo hacemos con la gente del barrio, que se suma, participa, nos ayudan y sobre todo llegan a su casa y llevan el conocimiento sobre el reciclaje”, explicó Agostina Filippone una de las referentes de Eco.Punto Bernal. “Se despertó un interés enorme por el ambiente en los últimos 20 años, que un nene de 6 años sepa diferenciar un plástico 4 de uno 5, habla de un cambio cultural de toda la sociedad”.