Unas 154 personas corresponden a esa nacionalidad, mientras que no habría latinoamericanos entre los pasajeros del vuelo. Aún resta identificar el país de origen de decenas de víctimas.
El primer ministro de Malasia dijo que el avión no realizó ninguna llamada de emergencia antes de caer, y que su ruta había sido declarada segura por la Organización Internacional de Aviación Civil.
El premier Najib Razak dijo a periodistas que su país no pudo establecer aún "la causa de esta tragedia", y agregó que Malasia debe "determinar con precisión qué pasó con este vuelo".
El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, calificó el hecho como un acto de terrorismo y pidió una investigación internacional sobre el incidente, al punto que subrayó que las fuerzas militares nacionales no derribaron el avión.
Al menos 154 de las personas a bordo eran holandeses, dijo Huib Gorter, vicepresidente de Malaysia Airlines en Europa, quien agregó que en el Boeing también viajaban 27 australianos, 23 estadounidenses, 23 malayos, 11 indonesios, seis británicos, cuatro franceses, cuatro alemanes, cuatro belgas, tres filipinos y un canadiense. 23.
Gorter, durante una conferencia de prensa en el aeropuerto de Amsterdam-Schiphol, indicó también que aún hay 47 personas cuya nacionalidad está aún por determinar.
El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) difundió lo que dijo era dos conversaciones telefónicas interceptadas que demuestran que los insurgentes abatieron el aparato.
En la primera, según el SBU, el comandante rebelde Igor Bezler le dice a un oficial de la inteligencia militar rusa que los rebeldes habían derribado un avión, informó la cadena CNN.
En la segunda, desde el lugar del siniestro, uno de los insurgentes informa a su superior que el avión "resultó ser civil", añade que "hay un mar de cadáveres de mujeres y niños" y que el ataque fue cometido por una unidad de insurgentes ubicada 25 kilómetros más al norte de ese lugar.
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