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Política
22 | 11 | 2015
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El blanco no lució: el voto bronca desde el regreso de la democracia

Maximiliano Acosta
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Por Maximiliano Acosta


Las elecciones de 2007 registraron el índice más alto, con el 6.44%, mientras que los nulos encontraron su mayor porcentaje en 2003. Esta vez, la Izquierda llamó a la "abstención", pero el resultado no fue el esperado

El blanco no lució: el voto bronca desde el regreso de la democracia
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Daniel Scioli y Mauricio Macri representan desde sus cuadros políticos dos modelos ideológicos contrapuestos. Ambas visiones del país que llegaron al primer balotaje presidencial de la historia no lograron sin embargo convencer a un porcentaje de votantes que se llamó a sufragar en blanco o directamente anular el voto. De cualquier manera, en este mano a mano histórico, entre blanco, nulo e impugnados la cifra apenas rozará el 2,5%, un número quizá menor al esperado.


El domingo 30 de octubre de 1983, los argentinos pudieron ir a las urnas tras siete años de dictadura cívico militar. El triunfo de Raúl Alfonsín fue aplastante con un 51.75%, unos 7.724.559 ciudadanos que optaron por la Unión Cívica Radical como partido para conducir al país en gran parte de esa década. Sin embargo, el 2.18% del padrón electoral, compuesto por 17.929.591 habilitados y 15.350.186 que lograron votar, decidió por el blanco. El nivel de nulos fue el más bajo: 0.57%, unos 87.728.

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El porcentaje de los que determinaron no incluir a ninguna boleta dentro del sobre cayó abruptamente para 1989. El 1.30% es el segundo más pobre de la historia (221.585) y fue sobre una base de 17.086.704 que fueron a los colegios, o sea, un millón y medio más en comparación con las anteriores. Aunque los anulados aumentaron a 0.68%.

En un contexto sociopolítico que comenzaba a demostrar atisbos de una época que quedaría marcada en la historia argentina por el neoliberalismo de Carlos Menem, el número de votantes en blanco creció exponencialmente a 3.59% (653.434) y se mantuvo en una meseta hasta 1999 con el 3.57% (708.878). Los nulos casi que fueron a la par, in crescendo en esos dos años: 0.69% (125.105) y 0.94% (186.764). Por supuesto que hay que tener en cuenta el padrón electoral y su aumento: 22.178.154 inscriptos y 18.203.452 votantes en el ´95;  24.121.277 y 19.848.705 en el ´99. Solamente un poco más de dos millones que en 1989.

Tras la crisis desatada en 2001 y con la renuncia de Fernando De la Rúa, seguido por un corto periodo de transición de Eduardo Duhalde, ambos parámetros marcaron una diferencia. El blanco cayó  a 0.99% (196.574), el porcentaje más inferior de la historia moderna de la democracia nacional. Como contraste, los nulos lograron el mayor aumento: 1.73% (345.642).

Una crónica de DIARIO POPULAR de aquél año reflejaba una disminución del denominado "voto bronca", un signo de falta total de confianza hacia la política y sus exponentes, potenciado por el "que se vayan todos" y los numerosos piquetes que cercaban al país: "El voto bronca literalmente desapareció, ya que los votos en blanco apenas sumaron menos del 1% (...). Bin Laden, Clemente y las fetas de salame, estrellas de las elecciones de 2001, no fueron tenidas en cuenta en esta ocasión".

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En 2007 nuevamente hubo una alza impresionante del blanco: 6.44% (1.330.885). Todo un récord, que sería el último debido a que bajarían hasta los 2.55% (664.739) en este 2015. Otra vez los nulos le dieron la espalda con una caída de 1.16% (240.074). Pero luego seguirían en bajada incluso en la primera vuelta de este año, al 0.77% (199.446).

Para el balotaje, los números arrojaron casi una paridad. 1.19% (305.229) en blanco y 1.24% (318.206) nulos. 

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