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Salud
03 | 01 | 2016
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Vitamina D, del sol a la sana alimentación

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Necesaria para que el cuerpo pueda absorber el calcio -mineral imprescindible para los huesos-, dicha vitamina liposoluble se encarga de almacenarse en el tejido graso del organismo. Estimulante del sistema inmunológico, sus propiedades se multiplican a resultados insospechados: antivejez, es otra de las características distintivas, descubierta en los últimos años.

Vitamina D, del sol a la sana alimentación
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La vitamina D es la encargada de regular el paso del calcio a los huesos, razón que sirve para concluir que, si esta vitamina falta, los huesos pueden debilitarse. Por este motivo es muy importante en la niñez, incorporarla de algún modo, entendiendo que durante dicha etapa los huesos están en desarrollo. Además, cumple una importante función en el buen mantenimiento de órganos y en la regulación de otras funciones, como por ejemplo, colaborando en la absorción intestinal del calcio y el fósforo, asimismo, favorece el buen funcionamiento del corazón, mejora el control del peso (se ha asociado al déficit de vitamina D con mayor riesgo de obesidad) y, en cantidades adecuadas, puede ayudar a controlar o cuanto menos prevenir la hipertensión arterial.

Más beneficios

Por otro lado, interviene en la secreción normal de insulina, estimula el funcionamiento del sistema inmunológico. Claro que las respuestas desde la ciencia se amplían, de hecho, en 2007 se descubrió que la vitamina D parece cumplir también funciones antienvejecimiento.

La vitamina D se puede encontrar en pequeñas cantidades en algunos alimentos como las sardinas y el atún. Por eso, como en los alimentos está en pequeñas cantidades, se agrega a los productos lácteos, entre otros.

Sin embargo, la mayor parte de la vitamina D que el cuerpo absorbe, entre el 80 y 90 por ciento, proviene de la exposición a la luz solar. El cuerpo produce la vitamina D cuando la piel se expone directamente al sol. Solo son necesarias dos o tres veces por semana, y 15 minutos son suficientes.

Es decir, que solo caminando por la calle, ya cubriríamos la necesidad. La grasa corporal guarda la vitamina D para los períodos sin sol.

Es posible que quienes no viven en lugares soleados no produzcan suficiente vitamina D. De ahí a entender que la piel expuesta a la luz solar en espacios cerrados a través de una ventana no producirá la tan preciada vitamina.

Por otro lado es bueno asumir que tanto durante los días nublados, atravesar la sombra cotidianamente y por supuesto, tener la piel oscura, disminuyen la cantidad de vitamina D que la piel produce.

Cantidad Diaria Recomendada expresada en microgramos:

0-6 meses 10 mcg

6-12 meses 10 mcg

1-3 años 15 mcg

4-8 años 15 mcg

9-13 años 15 mcg

14-18 años 15 mcg

19-50 años 15 mcg

51-70 años 15 mcg

Más de 71 años 20 mcg

Embarazadas 15 mcg

La deficiencia de vitamina D puede resultar del consumo de una dieta que no sea equilibrada, o de una inexistente exposición solar; también, por supuesto, por desórdenes que limiten su absorción. La deficiencia de la vitamina D ocasiona disminución de la mineralización ósea, lo que puede llevar a enfermedades en los huesos.

Investigaciones epidemiológicas demostraron que índices de incidencia y de mortalidad por algunos cánceres eran más bajos en los individuos que viven en las latitudes del sur, en donde los grados de exposición a la luz solar son relativamente altos, que en quienes viven en las latitudes del norte. Ya que la exposición a los rayos ultravioleta de la luz solar conduce a la producción de vitamina D, hecho que llevó a los investigadores a desplegar dicha hipótesis. Sin embargo, se necesita un relevamiento mayor para especificar tal conclusión.

Las pruebas experimentales han sugerido también que hay una posible asociación entre la vitamina D y el riesgo de cáncer. En estudios de células y de tumores cancerosos en ratones, se ha encontrado que la vitamina D tiene varias actividades que podrían hacer más lento o impedir la formación de cáncer.

En otro sentido puede producirse un aumento en los niveles de calcio en la sangre y la consecuencia son diversos síntomas como náuseas, vómitos, confusión, pérdida de apetito, pérdida de peso, constipación, debilidad, depresión, dolores articulares y musculares.

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