Las nuevas tecnologías digitales como Internet y el celular atraviesan y han transformado todos los ámbitos de la vida cotidiana: la sociabilidad y el consumo.
Las nuevas tecnologías digitales como Internet y el celular atraviesan y han transformado todos los ámbitos de la vida cotidiana: la sociabilidad y el consumo.

De acuerdo a diversas encuestas realizadas, los argentinos se mueven en dos mundos: el online y el offline y un enorme porcentaje pasa más de la mitad de su día conectado, siendo el impacto de los mensajes en medios tradicionales de gran influencia en la conducta de los consumidores, donde a su vez, las acciones online, están en constante movimiento y ebullición.

En síntesis, una sociedad muy involucrada con las redes sociales mayoritariamente muy interesada en las 'promos y ofertas'.

Las marcas han entendido que tener presencia en las redes sociales es la fuente donde comienza un diálogo con sus consumidores y ese diálogo trae cosas buenas pero también quejas, algunas que se manifiestan, otras que quedan en silencio y finalmente las que quedan en privado con las empresas.

Offline y online: esa es la cuestión, y esto creció a pasos agigantados en los últimos años. Hoy en día, desde el punto de vista de una empresa, analizar y comprender a los consumidores, es necesario para influenciarlos en sus tomas de decisiones y ayudarlos a determinar qué puntos de contactos son relevantes y prioritarios, ya que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación están provocando un gran impacto en todos los sectores sociales, pero de manera mucho más destacada y acelerada en los adolescentes, al considerar las relaciones sociales como uno de los aspectos más importantes en sus vidas.

En este marco, es absolutamente necesario inculcar unas actitudes y comportamientos de consumo responsable en todos los sectores sociales, pero muy especialmente en los adolescentes, que les permitan hacer frente a los problemas que se plantean en este siglo y desenvolverse dentro de esta sociedad como personas autónomas, responsables y críticas, para lo cual se hace necesaria una educación para el consumo que les permita no sólo tomar conciencia de sus decisiones, sino también valorar sus necesidades y conocer la influencia que el mercado y la sociedad ejercen sobre ellos.

Los adolescentes son uno de los grupos más importantes de consumidores dentro de las sociedades occidentales, y los hábitos que desarrollen ahora jugarán un papel decisivo en sus futuros patrones de conducta. Sus decisiones como consumidores ejercen una influencia creciente en los mercados y estilos de vida.

Es por eso, que se hace necesario proporcionar a los jóvenes los instrumentos necesarios para moldear sus actitudes, valores y conductas, al tiempo que desarrollan las capacidades, habilidades y el compromiso necesario que nos habla del derecho de protección, de este particular núcleo de consumidores.La educación del consumidor pretende estimular a los individuos, especialmente a los más jóvenes, para que analicen y tomen decisiones basadas en el valor que para ellos tiene el producto en términos de necesidades y deseos, así como a ayudarles a tomar decisiones adecuadas y responsables.

Como conclusión, insisto en la idea de que, en el mundo globalizado en que vivimos, resulta imposible vivir al margen de la tecnología, y por ello la educación tampoco puede ni debe darle la espalda; nuestra sociedad es una sociedad mediática que ofrece muchas oportunidades a los jóvenes, y en la que ellos tienen mucho que hacer y que decir.

Por eso, es responsabilidad de las familias, de las instituciones educativas y de la administración ayudarles a prepararse y saber desenvolverse en ella
, comprendiéndola y formándose como ciudadanos libres, con la puesta en marcha de una educación que estimule la reflexión de los adolescentes ante los cambios de construcción del saber promovidos por el acceso a los medios tecnológicos, principales promotores del consumo desmedido . No olvidemos que , la educación al consumidor es pieza clave de una ley que exige no sólo protección sino, además, responsabilidad individual frente a los actos de consumo.

Muy probablemente, los hábitos consumistas de muchos adolescentes tengan su origen en el propio hogar. Es muy conveniente, por tanto, que una educación basada en una actitud racional y crítica ante el fenómeno del consumo se inicie en la familia, se tome conciencia de las posibilidades económicas familiares y se vean obligados por los hechos a contemplar el principio de realidad.Está en manos de los padres adoptar una actitud con sus hijos en la que se impliquen en su proceso formativo, dejándoles claras sus posiciones pero fomentando sus propias decisiones para que vayan adquiriendo una progresiva autonomía personal en pos de un consumidor responsable.

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