Nadie enseña cómo se maneja una fortuna. Quizás los empresarios que las amasan lo hacen con sabiduría. Saben lo trabajoso que es conseguirla y cómo sostenerla, agrandarla. Con los deportistas no pasa eso. Los deportistas, en algunos casos, la consiguen de la noche a la mañana, a simple firma. Eso le ocurrió a Antoine Walker —y a varias estrellas de la NBA—.
Walker estaba llamado a ser una figura cuando lo eligieron en el sexto puesto del draft, luego de salir campeón de la liga universitaria con Kentucky. Boston Celtics lo eligió para construir su carrera. Y lo hizo bien: en la franquicia más ganadora de la historia de la NBA llegó a promediar 23 puntos en una temporada. Lo que no consiguió fue un éxito. Por eso se fue a Dallas, y después a Atlanta, y después a Miami, donde coincidió con la dupla Shaquille O'Neal y Dwayne Wade. Juntos ganaron el campeonato '07-'08. Walker consiguió su anillo.
Once años después, Walker despilfarró una fortuna de 95 millones de dólares. Quedó con deudas de 10 millones, una familia destruida y vacío de amistades. Llegó a tener mansiones, autos que valían U$S 400.000 y quince relojes de lujo. Todo se esfumó. Ahora Walker es un caso ejemplo: una consultora lo contrató para que le de charlas a deportistas de elite para contarles su caso, para que transmita su mala experiencia. Para que los demás lo eviten.
"Me di cuenta de que esto podría servirme como proceso de curación, al mismo tiempo que ayudo a los jóvenes. Quiero ser abierto y transparente respecto a los errores que cometí, para que ellos no vayan por el mismo camino”, cuenta el exjugador a la página HoopsHype. El director de la compañía que lo llamó, Drew Hawkins, señala que la importancia de contar con él es buena porque "los jugadores son más propensos a escuchar a un exjugador que a alguien que trabaja en una firma de servicios financieros y no está tan familiarizado con sus experiencias. Se trata de que transmita las lecciones vitales que aprendió”.