Al revés del título de la película de Edmund Valladares, Mayweather y Logan Paul dejaron más críticas que aplausos, y cuestionamientos de fanáticos del boxeo.

En el Coliseo Romano los gladiadores se enfrentaban a muerte, porque entre otras cosas era una manera de obtener el premio máximo: la libertad.

El emperador o rey levantaba o bajaba el pulgar a discreción, según la voluntad popular. Eso le daba poder. Un poder que en realidad le otorgaba el pueblo, sin la presencia del cual no había lucha que valga, porque jamás éstas se llevaron a cabo a estadio vacío.

Leones, toros, y demás bestias también lidiaban contra los cristianos o criminales condenados como parte del espectáculo, para el regocijo de la gente, que a veces presenció azorada un resultado adverso e ilógico, que en el fondo, de algún modo la conciencia colectiva aún mantiene intacta.

Para que haya un Mayweather contra un Logan Paul, con una bolsa de más de 120 palos verdes entre ambos, debe haber una inmensa población ávida de ese tipo de consumo, al que hay que satisfacer, como hacían los reyes.

No alcanza con la voluntad de Mayweather ni de Paul, porque ninguno de los dos pelearía gratis, ni por un puñado de dólares, ni a estadio vacío. Una cosa necesita de la otra. Y no queremos aceptarlo.

El espectáculo luego puede conformar o no, como toda puja deportiva. Nada está garantizado. Pero de volver a realizarse la lucha entre un veterano invicto retirado, retacón, pedante, engreído, soberbio y multimillonario, que se jacta de ser el mejor de la historia, y un musculoso rubio grandote, narcisista y hercúleo, que mucho no tiene idea de boxeo, pero que por juventud, tamaño, potencia, y peso puede pulverizar a un boxeador en serio si lo agarra, la gente volvería a comprar. Ya sea para que el león se coma al hombre, o para que el hombre mate al león. Y si ninguna de estas cosas sucede, se iría defraudado.

Por supuesto, cuestionando la fiereza del león, o la poca valentía y arrojo del hombre, acusándolo de cobardía o blandura. Pero la gente espera “que pase algo”; algo por lo que fue a pagar. Y de suceder, paradójicamente, también reclamará la atrocidad “sin sentido” de que se organice tan aberrante espectáculo.

Si el león se comporta como león, es un escándalo. Y si no, peor. El problema es que el león está porque está la gente que se agolpa para verlo. Vaya contradicción. ¿Qué es lo que pretenden?

Mayweather y Logan Paul, un youtuber actor con aspiraciones de boxeador tardío, “le hacen mucho daño al boxeo” –dicen-. Puede ser; pero esto era así desde antes del combate, no después, y pocos alzaron la voz.

De todos modos, algo se está haciendo mal en el boxeo como para que estos engendros lo reemplacen con más éxito de público, interés y dinero. Hay muchísimas cosas que le hacen mal al deporte de los puños, y la mayoría, por acción u omisión son cómplices, porque las callan, o las aceptan. No hay autocrítica.

No viene al caso enumerar la lista, que sería tediosa; pero tal vez sí hacer una introspección. Ensayar el ejercicio de echar una mirada integral e interior, verse dónde se está parado y que cada cual se ubique en el lugar que le corresponde con total sensatez. Después sí, queremos escucharlos. Y que lancen la primera piedra.

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