No sólo Maravilla Martínez, a quien le aprobaron la licencia FAB, sino también ahora Jorge "La Hiena" Barrios -ambos con más de 40 años- solicitó la suya para volver al boxeo, mientras que Lucas Matthysse (35) blanqueó su adiós, que ya era un hecho en su interior. ¿Qué pasa por las cabezas de los que vuelven y por las de aquellos que se alejan anticipadamente y luego se arrepienten? ¿Y por qué gente no entiende la relatividad del retiro de un boxeador?

¿Cómo empezar una nota cuando hay tres protagonistas tan destacados?

¿Cómo explicar un tema tan complejo, por ser tan relativo y a la vez tan fuerte, que pasa más por el absurdo que por la lógica?

Se trata del retiro del boxeador. Y de su regreso. Algo que no posee ningún rigor más que el del reglamentario, o la voluntad.

Tan ilógico, que cuando sucede por reglamento (estudios médicos, o baja performance), no tiene trascendencia, y cuando pasa por la voluble decisión de un ser humano sí.

Y eso que la misma puede ser tan frágil y efímera como un noviazgo de verano. Tan ingobernable como un sentimiento, que pasa del amor al odio de un momento a otro hacia una misma persona.

En la misma semana (la pasada) se le aprobó la licencia a Maravilla Martínez, la pidió La Hiena Barrios, y se retiró Lucas Matthysse. ¿Por dónde empezar?

Curiosamente, los dos más longevos vuelven al boxeo –o volverían-, y el más joven se retira. Vaya ilógica.

Maravilla, a los 43 años, dejó sorprendidos a todos los dirigentes –y médicos- de la FAB, por lo bien que resultaron sus estudios, según dicen, mejor que en su plenitud boxística.

Barrios, a los 42, la solicitó ante la FAB, del mismo modo que hizo Martínez.

Y Lucas, mediante una carta en instagram llena de faltas ortográficas, con 8 años menos que Maravilla, anunció su retiro definitivo de la actividad agradeciendo a todos y nombrándolos –incluso a su ex DT, el Cuty Barrera, con quien se había peleado-, menos a su mánager, Mario Arano, con quien empezó y terminó su carrera. ¿No es curioso?

Pero, ¿por qué vuelven los que vuelven? ¿Y por qué se retiran los que se retiran?

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El Chino Maidana colgó los guantes a los 31 años, después de haber peleado dos veces ante Floyd Mayweather y sentir que no tenía más objetivos que cumplir.

Pero lo cierto es que de los últimos 10 rivales de Floyd -que peleaba casi una vez por año-, el único en retirarse fue Shane Mosley, que tiene 47. ¿Por qué el Chino con 31 habrá sido el único en “cumplir sus objetivos”, o “perder el incentivo”? ¿Cuáles eran?

André Berto, el último rival boxeador de Mayweather –Conor McGregor no lo era- con 34 años acaba de ganarle el último sábado un peleón a Devon Alexander –otro ex campeón- y posicionarse para una nueva chance mundialista.

Y hay decenas de púgiles que rondan los 40, que fueron campeones mundiales y nunca pelearon ni pelearán contra Money, y sin embargo siguen en actividad. Y algo peor: los hay aquellos que nunca fueron campeones siquiera, ni lo serán, pero continúan. ¿Por qué la mayoría de los argentinos se toman licencias tan conformistas?

La respuesta quizás sea simple: ¿si a ud. en su trabajo un día le pagan, o le regalan 10 palos verdes, seguiría levantándose todos los días a las 6 de la mañana para ir a trabajar? Mejor dicho, ¿seguiría trabajando?

Si Nadal o Federer fueran argentinos se hubiesen retirado hace rato del tenis.

Por eso, lo de Maidana de alguna forma es comprensible en la mentalidad criolla, aunque ignoramos qué hará a los 38 ó 40.

Lo de Matthysse también lo es, porque en su caso estaba retirado hacía tiempo. Una vez que adquirió cierta conciencia de los golpes, del peligro que representan, y por consiguiente, del temor a no poder disfrutar entre los suyos los frutos que le dio el boxeo, éste perdió sentido y prioridad. De allí que en su caso es difícil que vuelva, porque su razón superó a su corazón irreversiblemente.

La pregunta es Maravilla. Y Barrios. –Y tantos otros-.

Lo de Barrios se entiende, porque tiene una cuenta pendiente consigo mismo. A él lo retiraron, y quiere revancha ante la vida. Reivindicarse ante ella y ante sí, aunque no vuelva a ser campeón mundial.

Él quiere simplemente entrenar, subirse al ring, y colgar los guantes cuando lo decida, o sienta en carme propia que su cuerpo le pide basta, que ya no puede ser el de ayer. Y aún no lo experimentó.

Lo de Maravilla, sorprende. Especialmente su recuperación milagrosa, que la atribuye a las aguas termales de Fiambalá, Catamarca, donde estuvo apenas dos días.

Pero también se sometió a un tratamiento con células madres, algo que ya había hecho anteriormente sin éxito, pero que muy probablemente sea ahora la razón principal de su rehabilitación.

Lo confesó como al pasar en una nota que le brindó a la colega Yesica Palmetta –hermana del boxeador Alberto Palmetta, ex pupilo de Maravilla, que rompió su vínculo con él para irse a USA- publicada en la página “Cerca del Ring”, que vale la pena escuchar, aunque sea esta declaración que se encuentra a los 1:38 de la nota:

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No es casual que Maravilla quiera acentuar el mérito en las aguas de Fiambalá. El tratamiento con células madres tiene cierto reparo ético, y en algunos lugares –como en Argentina- no está del todo legislado ni desarrollado. Sí en España, que es una de las potencias en la materia, y usa la práctica como experimental, tanto con células embrionarias como con adultas.

Eso explica sus continuos viajes y repentinas desapariciones, y cierra algo que se deslizó en la columna “Never come back, Maravilla”, cuando en un párrafo se dijo: o que haya en estos años realizado algún tratamiento oculto –por alguna razón- que lo haya regenerado”.

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Sucede que los prejuicios sobre este tema hacen que no se pueda gritar a voz en cuello. Pero lo que no está prohibido está permitido.

Lo cierto es que Maravilla podrá volver a pelear –de hecho lo hará-, y hasta se menciona posible rival: ¿Antonio Margarito? ¿Alfredo “El Perro” Angulo”? ¿O JC Chávez Jr, que lo desafió por Twitter?

Cierra más Margarito, que tiene 40 años, peleó en setiembre pasado y aporta un morbo especial por haber sido su primer vencedor.

Ahora bien; gane o pierda Martínez, ¿qué le espera y cuánto por recorrer? ¿Si un boxeador no pelea por plata, ni por gloria, por qué lo hace? ¿Y por qué cuando está en la cima se retira y cuando baja de ella quiere volver a subirse? ¿Es el boxeador argentino, o el ser humano en general así?

Habría que ampliar el Martín Fierro, en los consejos del Viejo Vizcacha: “el hombre no debe creer en lágrimas de mujer, en la renguera del perro, ni en el retiro de un boxeador”.

Aparecen en esta nota:

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