La victoria de Matías Romero del sábado pasado ante el venezolano Jesús Cuadro, donde retuvo su corona latina CMB interina, retrotrajo el penoso tema de los fallos localistas que amparan a figuras que prometen, disfrazando una realidad que sólo atentará contra su crecimiento. Tal camino edulcora el presente pero hipoteca el futuro peligrosamente.

Hacía tiempo que un fallo localista y mal arbitraje, no obligaban a resaltar este problema endémico, que también, lamentablemente, es patrimonio del boxeo en general.

Pero enoja más aún cuando es para sobreproteger una realidad falsa, que pronto se desvanecerá como pompa de jabón en el aire.

Sucede que la poca consistencia actual de nuestro boxeo, hace que la solidez de sus promesas sea tan endeble como él, cosa que se demuestra a medida que transcurre el tiempo en el calendario, o avanzan sutilmente los niveles de oposición.

Sin ir más lejos, pasó hace poco con las incipientes insinuaciones de Emanuel Peralta, Román “220 Voltios” Reynoso, o Javier “La Bestia” Maciel, por nombrar algunos casos en que internacionalmente pegaron algún buen resultado, y cuando tuvieron que refrendarlo se cayeron como una ilusión óptica.

Similar sucede entrecasa, con figuritas que asoman y se colocan prontamente en la consideración general, ya sea por su buen record numérico, o por algún buen éxito ante otra promesa, tomando su lugar, pero que a la primera de cambio defeccionan. Y está siendo moneda corriente.

Fue el caso de este último finde, más precisamente el sábado, cuando dos promesas coincidieron en la misma noche y quedaron en deuda.

Uno fue Gonzalo Coria (21 años), que venía de bajar el año pasado a Alberto Palmetta –ex Cóndor- en sorpresivo resultado. Y otro Matías Romero (21), que también venía de buenas victorias acá e incluso una en México en 2017 (GKO 2), además de ser invicto en 17-0-0.

La juventud de ambos y su interesante palmarés entusiasmaron tanto, que hasta inspiraron la columnaNacieron de un repollo” , pero ninguno de los dos lució como se esperaba.

Coria habría que ver si le ganó a Moreschi –y menos por los guarismos que dieron-, y Romero tampoco al venezolano Jesús Cuadro, aunque en este caso la opinión puede tomarse como una afirmación.

Sin animarse a llamarlo robo, el fallo no unánime del jurado no hizo más que reflejar el localismo encubierto, primero en lo ajustado de una de las tarjetas (Argentino García 96-94), y luego en el empate de la otra (Fernando Caruncho 95-95). Mas dio vergüenza la de Pérez Rubio (98-92) para quien no pegó casi un golpe claro en todo el combate y anduvo escapando, recurso en que viró su plan A de contragolpear, que no pudo ejecutar.

En el medio recibió la ayuda del árbitro Javier Correa, cordobés como todos los jueces y como el propio Matías Romero, incluyendo el escenario del combate, Municipal de Alta Gracia, Córdoba.

El árbitro pedía clinch cuando el venezolano estaba en ataque, y al separarlos sólo empujaba a éste hacia atrás. Advertía siempre al mismo púgil de la cabeza, cuando ambos se turnaban en tal infracción, y cada vez que hacía recomendaciones, era para él. Incluso cuando Cuadro se resbalaba por la lona mojada, que le decía: “no se tire”.

Sabemos el mal nivel de arbitraje que hay en nuestro país, especialmente en el interior, aunque en los últimos tiempos hay un recambio que esperemos en breve reemplace a las camadas menos capaces.

Finde tras finde cada cual a su turno demuestra su ignorancia reglamentaria ante algún suceso poco frecuente.

Sin embargo el nivel de los jueces está por encima de la media, al menos en cuanto a la honestidad, ya que hubo algunos fallos polémicos pero no precisamente para el gallinero del local o del promotor de turno, que es lo que más ofusca.

Esta vez no se puede decir lo mismo. Y el reproche recae en las designaciones. Si un juez no puede mantener su neutralismo, independientemente de su idoneidad o conocimiento, no puede ejercer esta delicada tarea. Pero no son ellos quienes deben controlarlo, cuando de por sí carecen de objetividad y el mínimo indispensable de autocrítica.

Jesus Cuadro vs Manuel Palomino

Para eso está la FAB, y de última la Federación Provincial o Comisión Municipal del lugar, que en peleas titulares como ésta (había un título latino CMB en juego) debiera bregar por heterogeneizar al jurado como principio. Más que nada por la salud y la transparencia de nuestro boxeo vernáculo.

Matías Romero no ganó la pelea ante Cuadro, aunque su récord diga lo contrario y él y su gente lo crea. Que lo sepa.

No está bien que lo premien peleando así, porque se acostumbrará a que con lo que hizo el sábado alcance para ganar, y un día comprobará que no, cuando sea tarde.

Y el público –especialmente los no avezados, es decir, la mayoría-, que suele confiar en las autoridades, tiene derecho a que no lo engañen diciéndole algo distinto a lo que sus ojos vieron, y evitar crearse falsas expectativas jugando al castillo de arena, o a los muñecos de barro, que a la primera lluvia se derretirá en sus manos.

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