La expectativa y la calidad de vida aumentan de manera significativa década tras década. ¿El ser humano alcanzará una longevidad extraordinaria?

Mientras transitamos este comienzo del siglo XXI, comprobamos que la expectativa de vida aumenta de manera significativa década tras década y que la vida útil se mantiene en edades que nuestros padres y abuelos ni hubieran imaginado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que la mitad de quienes nacieron desde 2010 en adelante, llegarán a vivir cien años; o aún más.

Todo esto nos interpela sobre la posibilidad que tiene –o no– el ser humano para alcanzar una longevidad extraordinaria y, con ello, surge de manera ineludible la pregunta sobre si la muerte es un destino ineludible o existe alguna perspectiva de que así no sea.

Para reflexionar al respecto, traemos algunos párrafos de la entrevista que, en 1926, el escritor George Sylvester Vierck realizara a Sigmund Freud (1856/1939), el padre de la moderna Psicología de lo Inconsciente y creador del Psicoanálisis.

En varios momentos de la misma, el médico vienes efectúa declaraciones en el sentido de que lo que entendemos por “muerte” bien podría ser un situación evitable. En ese caso, ¿se estarían abriendo las puertas a la eternidad? ¿Es esto posible?

Ya en alguno de sus trabajos Freud hubo señalado que el hecho de que los humanos morimos bien podía ser un asunto estadístico y no, necesariamente, un destino ineludible.

De aquella entrevista, transcribimos los párrafos más relevantes para el asunto que aquí nos ocupa.

“Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan en nuestro interior.”

La muerte es la compañera del amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dije en mi libro `Más allá del principio del placer`, en el comienzo del Psicoanálisis se suponía que el amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la muerte es igualmente relevante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, cesar con la «fiebre llamada vida». El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.”

“En todo ser normal, la pulsión de vida es lo bastante fuerte como para contrabalancear la pulsión de muerte pero, al final, ésta resulta más intensa.Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más factible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

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Dos fuerzas en pugna: vida y muerte

Amerita reflexionar sobre estos dichos freudianos. La existencia de dos fuerzas en pugna –vida y muerte– en el psiquismo humano resultan –hoy por hoy– absolutamente reales. En ese caso, ¿por qué tiene que triunfar la autodestrucción?

Cuando Freud señala que “toda muerte es un suicidio disfrazado” nos recuerda a esa médica europea, con medio siglo de experiencia, que hace pocos años manifestó “no conozco una sola persona que haya muerto de muerte natural.”

El psiquiatra y creador de la Psicología Compleja, Carl G. Jung (1875/1961) también observó que en el psiquismo humano habita la idea de una inmortalidad terrena. Lo que denominó búsqueda del Arquetipo del Paraíso Perdido y Arquetipo de la Fuente de Juvencia, van en ese sentido. Un saber íntimo, presente en cada persona humana, de que existe cierta posibilidad de que nuestra vida en la Tierra se prolongue casi de manera indefinida.

Ciertos hechos, debidos al desarrollo actual de la ciencia y la tecnología apuntan en ese sentido. Aunque haya pasado casi desapercibido –por ocurrir hacia el final de la pandemia– la Medicina logró trasplantar el corazón de un cerdo especialmente preparado a un humano. Sobrevivió apenas dos meses.

No es para desalentarse: lo mismo ocurrió con el primer trasplante (3 de diciembre de 1967) de corazón de un humano a otro, que realizara Christiaan Barnard (1922/2001) Hoy los trasplantes de corazón, de un humano a otro, son cosa cotidiana y la sobrevida –en condiciones normales– puede prolongarse por años y años.

En octubre de 2021, un grupo de científicos logró unir temporalmente un riñón de cerdo en un cuerpo humano y observaron que comenzaba a funcionar.

Notable pequeño avance en la búsqueda por utilizar órganos de animales en trasplantes para prolongar vidas humanas.

Y, por otro lado, téngase en cuenta lo avanzados que están los experimentos realizado por la empresa Neuralink (propiedad del hipermillonario Elon Musk) para incorporar chips al cerebro humano conectándolo –sin cables, por supuesto– a todo el sistema mundial de computación. La capacidad de nuestra mente se abriría rumbo a horizontes insospechados aún.

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Carl Gustav Jung (1875 - 1961)

Carl Gustav Jung (1875 - 1961)

"El envejecimiento es una enfermedad curable"

José Luis Cordeiro, profesor en la Singularity Universirty de Silicon Valley, afirma que el progreso tecnológico permitirá acabar con el envejecimiento."En 2045, el hombre será inmortal", comenta con toda certeza. Y agrega: “ En poco más de 30 años, ninguna enfermedad podrá acabar con la especie humana pues el envejecimiento es una enfermedad curable".

En una de sus recientes conferencias, ofrecida a jóvenes investigadores, terminó diciendo: "En los próximos 30 años vamos a curar todas las enfermedades y ustedes son parte de la primera generación inmortal humana". "Por cada año que vives vas a vivir uno más, lo que supone vivir indefinidamente", aclaró.

Por su parte, el gerontólogo biomédico inglés Aubrey de Grey, se muestra convencido de que ya está entre nosotros la primera persona que va a vivir mil años.

La posibilidad de retrasar el envejecimiento tiene mucha aristas, por lo que la Gerontología busca –trabajando de manera interdisciplinaria– descubrir la forma de modular este proceso y extender el periodo de vida, entender la relación entre envejecimiento y enfermedad para poder contribuir a alcanzar una vida larga, productiva y saludable, expresó el Dr. Silvestre de Jesús Alavez Espidio, Jefe del Área de Fisiología Integrativa y Sistemas de la Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Lerma, durante su conferencia con el tema “¿Es posible retrasar el envejecimiento?”, en el marco de la VIII Semana de Neurociencias y Semana del Cerebro 2022, realizada durante marzo pasado.

De manera tal que, en lo que hace al aspecto orgánico, las posibilidades de una vida humana tan prolongada que pueda definirse como “inmortal” tiene bases firmes para sostenerse.

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La persistencia de la Memoria (1931)  - Salvador Dalí - Museo de Arte Moderno de Nueva York

La persistencia de la Memoria (1931) - Salvador Dalí - Museo de Arte Moderno de Nueva York

La importancia de los pensamientos

La cuestión vuelve a ser, otra vez, la de los contenidos de nuestro psiquismo. Que nuestros pensamientos así como los contenidos inconscientes no vayan en contra de tanto avance científico y tecnológico.

¿Tan desconformes estamos con lo realizado en nuestra existencia para, llegado cierto momento, desde lo inconsciente, activar aquellos mecanismos necesarios para provocar la propia extinción orgánica?

De ser esto así, entonces no sólo hay que atender a las cuestiones físicas y químicas del cuerpo sino – y muy en especial – a lo que habita en nuestro psiquismo. En lo más profundo. Fuera del alcance directo de la consciencia. Allí donde surgen los deseos, las necesidades, las frustraciones, las angustias, la ansiedad y –tan en boga últimamente– las actitudes depresivas.

La decisión concreta sobre cuánto durará la vida y cuál será la calidad de ella queda –entonces– en cada uno de nosotros. Recordemos que eso que siempre se ha llamado “destino” no es otra cosa que el resultado de las decisiones que tomamos tanto como las que no tomamos.

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, magister en Psicoanálisis, parapsicólogo, filósofo y escritor. www.antoniolasheras.com

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