El récord de Jeanne Calment sigue sin ser superado y los científicos estudian qué mecanismos biológicos podrían marcar el límite de la vida humana.
El científico Venkatraman Ramakrishnan, ganador del Premio Nobel de Química en 2009, explicó cuáles son los principales obstáculos biológicos que dificultan extender radicalmente la vida humana, y según su análisis, alcanzar los 150 o 200 años no estaría necesariamente impedido por una ley física, pero requeriría intervenir sobre los mecanismos que provocan el envejecimiento.
El récord de longevidad humana continúa en 122 años y 164 días, alcanzado por Jeanne Calment. Su marca permanece sin ser superada décadas después de su muerte y funciona como referencia para estudiar hasta dónde puede llegar la vida humana y qué ocurre con el organismo cuando alcanza edades extremas.
Ramakrishnan diferencia entre aumentar la esperanza de vida y extender el límite máximo de longevidad. Durante los últimos 150 años, los avances en vacunas, antibióticos, saneamiento, alimentación y medicina redujeron la mortalidad y permitieron que una mayor cantidad de personas alcanzara edades avanzadas.
Sin embargo, estos avances no significaron un aumento equivalente en la capacidad del organismo para alcanzar edades extremas. El riesgo de morir se incrementa con el paso del tiempo: según las estimaciones recogidas por el científico en su libro "Por qué Morimos: A Nova Ciência do Envelhecimento e a Busca pela Imortalidade", la posibilidad de morir durante el año siguiente ronda el 0,1% a los 25 años, llega aproximadamente al 1% a los 60 y alcanza el 6% a los 80.
A los 100 años, esa probabilidad se ubica cerca del 16%. Cuando una persona llega a los 108 años, las posibilidades de sobrevivir un año más se aproximan al 50%. Estos datos permiten observar cómo cambia el riesgo de mortalidad a medida que avanza la edad y cuáles son las dificultades para extender la longevidad extrema.
Uno de los principales obstáculos está relacionado con el deterioro progresivo de los sistemas celulares. Las células poseen mecanismos destinados a reparar el ADN, eliminar componentes dañados, reciclar proteínas y mantener el funcionamiento de las mitocondrias, pero estos procesos pierden eficacia con el envejecimiento.
Como consecuencia, los daños se acumulan con el paso del tiempo y pueden afectar el funcionamiento de los tejidos, además de aumentar la aparición de enfermedades. Desde la perspectiva de Ramakrishnan, extender radicalmente la vida requeriría intervenir sobre estos procesos fundamentales y no solamente desarrollar tratamientos más eficaces para enfermedades concretas.
La ciencia investiga distintas estrategias para intentar ralentizar el envejecimiento. La restricción calórica produjo resultados en diferentes organismos al modificar determinadas vías metabólicas, mientras que la autofagia, el proceso mediante el cual las células eliminan componentes deteriorados, también es objeto de estudio. Sin embargo, los resultados en animales no permiten concluir que una reducción drástica de la alimentación prolongue la vida humana.
La rapamicina, que actúa sobre la vía "mTOR" relacionada con el crecimiento y el metabolismo, logró extender la longevidad en experimentos con ratones, aunque su utilización en humanos presenta dificultades, entre ellas sus efectos sobre el sistema inmunológico. La metformina y los agonistas del GLP-1 también son investigados, pero todavía no existen evidencias suficientes para considerarlos tratamientos capaces de prolongar la vida de personas sanas.
Otra línea de investigación apunta al rejuvenecimiento celular mediante los llamados factores de Yamanaka, que pueden modificar profundamente las características de una célula. La reprogramación completa presenta riesgos, como la posibilidad de generar tumores, por lo que se estudian métodos parciales y controlados. A esto se suma el problema de las mutaciones somáticas, alteraciones genéticas que aparecen durante la vida y que podrían representar otro límite para alcanzar edades extremas.
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