Cocina casera y cocina gourmet suponen conceptos opuestos. La comida casera hace referencia a los platos de las abuelas donde no importaba la técnica culinaria sino el “sabor a hogar” que hacía que esos platos fueran únicos en cada familia. “No hay como los ñoquis de la nonna”, es la típica frase alusiva.
La cocina gourmet en cambio remite a la cocina profesional realizada por los chefs en sus restaurantes, donde lo importante es la perfección en las cocciones de los alimentos y la originalidad en la combinación de sabores en platos únicos. La primera se impone por la repetición de ese sabor tan personal. La segunda, por su singularidad.
No obstante, estos dos conceptos han dejado de ser contradictorios desde el momento en que muchos cocineros decidieran recuperar los platos de la infancia o aquellos típicos de los bodegones para agregarles las habilidades aprendidas como profesionales gastronómicos, demostrando que se pueden elaborar recetas más creativas de platos simples con el agregado de un ingrediente o modificando una técnica de cocción.
Así se congregan en las cartas pastas caseras con técnicas expertas y salsas innovadoras, carnes de primera calidad con un puré de papas diferente donde es fundamental la variedad de papa elegida o la técnica aplicada para que quede más esponjoso, hasta hamburguesas caseras que definen su identidad a partir de mezclas de cortes de carne.
Hoy las hamburguesas gourmet se hacen teniendo en cuenta la proporción de carne y grasa y la combinación de distintos cortes de carne como paleta, nalga, vacío, tapa de asado o bife de chorizo, según sea el sabor que se le quiera dar. Por ejemplo, una hamburguesa hecha con tapa de asado será más intensa que una hecha con nalga o bola de lomo picada. A esto se suma el debate por los condimentos: hay quienes sostienen que una hamburguesa no tiene que tener más que el sabor de la propia carne (si no sería una albóndiga), y los que consideran que se les puede agregar algún toque de sabor, como ají molido, pero no en exceso.
Esta búsqueda es la que sentó las bases de la carta del restó bar The Cavern del Paseo La Plaza. Su propuesta gastronómica se destaca por sus hamburguesas dobles caseras, por sus picadas -como la picada Beatle para 6 personas, la picada de fritos (bastones de muzzarella, bocaditos de pollo, croquetas de carne y rabas, entre otros), la picada de pastas -tres cazuelas de pastas con distintas salsas: bolognesa, pesto y rosa-, y la picada de papas fritas de todas formas y tamaño- y por sus recetas clásicas como el steak The Cavern y el pollito con ñoquis caseros.
Hay variedad de platos vegetarianos y light y una amplia carta de tragos que incluye Baileys frozen, cuba libre, gin tonic, margarita, caipiroshka y mojito. Los postres son súper aptos para golosos, sobresaliendo el Blackbird (brownie casero de chocolate con nueces con helado de crema americana con salsa de chocolate, cacao y obleas), la tarta de manzana con helado, y la Tibia Bomba Brownie, ¡que de “tibia” no tiene nada!
Es la comida que elegimos para hacer en casa pero servida en un bar o en un restaurante con la simplicidad de su concepto pero con todo un trabajo creativo por detrás en busca del sabor “perfecto”. Lo importante es que los productos sean frescos, de buena calidad, trabajados por manos expertas y con el plus de un toque gourmet que los distinga.
Es un estilo de cocina informal pero rica, rápida pero en absoluto chatarra. Las salsas, las hierbas, las especias y los productos de estación son aliadas de sus consignas. Sabores clásicos reformulados a partir de conceptos modernos y de una búsqueda creativa.