Aunque hoy en día sea un producto de panadería con sentido religioso, sus orígenes provienen de la tradición pagana, de las denominadas Saturnales romanas que se celebraban a fines de diciembre. También denominadas "las fiestas de los esclavos", se caracterizaban porque le ponían fin a los trabajos duros del campo y daban comienzo a una etapa menos rigurosa. De ahí el nombre de "saturnales", ya que se realizaban en honor a Saturno, el dios de la agricultura.
Años después, el cristianismo se encargaría de despojar a estas fiestas su contenido pagano para atribuirles un sentido religioso al relacionarlas con las fechas de la Navidad y al período posterior que se prolonga hasta el 6 de enero.
Según el Diccionario de alimentación, gastronomía y enología española y latinoamericana de Ginés Vivancos, el roscón de Reyes es "el que se consume en esa festividad y que en muchas zonas contiene un haba que obliga a quien la encuentra en su porción a invitar al resto de los comensales o pagar el roscón. Proviene de la costumbre francesa del siglo XI (y ésta de una muy anterior de carácter pagano derivada de las saturnales romanas) del roi de la feve (rey del haba), consistente en obsequiar al niño más pobre de cada población".
Según la tradición del país donde se realice, la rosca de Reyes puede estar rellena o no de crema pastelera. En España se suele hacer rellena y además cubierta con esa misma crema y decorada con frutas confitadas. En nuestro país, no se rellena, sino que se cubre con pastelera. La versión más clásica lleva una masa hecha a base de manteca, huevos, leche y azúcar que se deja leudar, se hornea, y luego se cubre con frutas confitadas y cremca pastelera. Su sabor y aroma particular se debe al agregado de agua de azahar a la masa.
La gran diferencia que tiene con respecto a la rosca de Pascua no está tanto en la elaboración de la masa, que es prácticamente igual, sino en la decoración. La rosca de Pascua suele llevar uno o más huevos hundidos en la superficie, que se colocan crudos antes del llevarla al horno, y que representan la resurrección de Cristo y la fertilidad.
Otra diferencia es que la rosca de Reyes suele traer un regalito en su interior para que descubran los niños al cortarla en el mágico contexto de la llegada de los Reyes Magos. Quien se lleva la porción con sorpresa, será el centro de la escena y lo recordará como un momento muy especial de la infancia.
Con respecto a las cualidades nutricionales de la rosca, como contiene manteca, huevos, lecha, azúcar y frutas confitadas, posee un elevado contenido calórico. Por esa razón, se aconseja moderar su consumo para quienes hacen dieta, tratando de evitar las segundas porciones. Como punto de referencia, hay que tener en cuenta que una porción de la misma equivale a una factura de 50 gramos con crema pastelera. De todos modos, la rosca de Reyes se come una vez al año, así que si sobra, podemos acompañar el desayuno o la merienda del día siguiente con una porción más.
Por lo general, la rosca la lleva el que va de visita a la casa de los anfitriones. ¿Por qué no llevar en esta ocasión una hecha con nuestras propias manos y sorprender a todos con una rosca fresca, recién salida del horno, decorada con las frutas que más nos gusten y rellena con uno o más regalitos que pondremos con nuestro mayor cariño? La receta de la pastelera Laura Andrea Errante es una buena excusa para animarnos a hacerlo.