El boxeador, con el contrato multimillonario que firmó, paradójicamente hipotecó su carrera. Perdió brillantez, no por carencias técnicas, boxísticas, o físicas, sino por "aburguesamiento motivacional", por lo que dentro de este negocio deja conforme a todos, menos al público

Preguntan si el Canelo Álvarez ganó o perdió el sábado pasado ante el yanqui Daniel Jacobs, y realmente eso es secundario.

Discutir lo obvio, lo concordante y lo apreciativo, es síntoma de insatisfacción. Ése es el costado a analizar.

Todos vimos más o menos lo mismo: pelea pareja -tirando a mala-, un protagonista que no lució como se esperaba, que no estuvo a la altura de su cartel -Nº 1 libra por libra-, pero que indudablemente nadie puede decir que perdió.

¿Qué pasa entonces que el Canelo no conforma, no llena como otrora lo hacían los grandes popes como Leonard, Hearns, Hagler, Tyson, de la Hoya, JC Chávez y tantos? ¿Por qué pese a eso no decrece su prestigio?

Si el Canelo es el mejor de todos, y apenas puede contra alguien que por más campeón de otro organismo que sea, no figuraría ni entre los 20 top mundiales, ¿entonces qué queda para el 2 y el 3? ¿Y por qué si hay tan poca diferencia, él gana tanto más dinero que el resto y es el mejor pago de la historia, de acuerdo al contrato que firmó con la plataforma DAZN?

Canelo firmó cobrar 365 millones de dólares por 11 peleas a realizar en 5 años como máximo, a razón de más de 30 palos verdes por cada una, sea contra quien sea. Y por las curiosidades del boxeo, algo que en teoría debiera beneficiarlo, lo achanchó.

Le quitó emoción, incertidumbre, y fundamentalmente HAMBRE.

Canelo Álvarez

Canelo pelea en serie, como un operario de fábrica que debe hacer producción y cantidad, más que calidad.

El trabajo artesanal, dio paso al piloto automático. El querer agradar, seducir y emocionar para poder subir la apuesta cada vez, con una bolsa mayor, y un rival mejor, trocó en un fixture donde más o menos está todo trazado, calculado. Y como tiene un caché asegurado, mucho no le preocupa si la gente va o no va al estadio, si mira o no el PPV, si luce o defrauda.

Él pelea. Saca el trabajo adelante. Se saca compromisos de encima tratando de correr el menor riesgo posible para que pase el que sigue, total a él no le van a pagar un peso más ni menos por lucir o no.

Y hay algo peor: a quienes lo rodean tampoco les interesa tanto eso, porque la prioridad es que gane y que la cosa “cierre”, que el truco se vea arriesgado pero si falla que haya red abajo, porque el negocio es su victoria, no su forma. Heredó el sistema impuesto por Floyd Mayweather.

A nadie le sirve que el Canelo pierda por ahora, porque todos tienen asegurados 5 años de trabajo ininterrumpidos al máximo nivel, con esas 11 peleas -que ahora ya son 9- que el Canelo quisiera cumplir cuanto antes para liberarse y elevar la apuesta.

Cuando se dice “todos”, hablamos de todos quienes manejan el negocio, que son los organismos mundiales –con sus autoridades pertinentes-, la TV y otras plataformas audiovisuales, los promotores de turno, e incluso hasta a los mismos rivales –salvo excepciones, como GGG- porque si el Canelo pierde, chau bolsas suculentas para los retadores, chau negocio.

De hecho, el azteca antes de subir al ring ya sabía que su próxima pelea iba a ser el 15 de setiembre contra “alguien”, que seguramente no será Golovkin, sino –quizás- el campeón del organismo que le queda por conquistar en mediano (OMB), el también yanqui Demetrius Andrade.

¿Desde cuándo un boxeador sabe de antemano cuándo será su próxima defensa mundialista, si aún tiene que ganar la que va a defender, y luego , según las circunstancias -lesiones, ganas, entrenamientos, necesidades, sedes, TV, disponibilidades de los rivales y negociaciones económicas-, acordar fecha?

Sin querer, al Canelo lo vaciaron mental y emocionalmente, porque ahora pelea para cumplir, por obligación. Su boxeo está hipotecado y la “deuda” la tiene que levantar de acá a 5 años con su trabajo, que ya no tiene el sabor de la incertidumbre. Es como tirar la caña teniendo el pescado en la canasta comprado de antemano.

Billetera mata hambre, y el hambre es directamente proporcional a la gloria en el boxeo. No hay peor enemigo para un púgil que anularle su combustible principal.

Y si bien es cierto que el Canelo tampoco es de esos púgiles devastadores, espectaculares, que generan electricidad sobre el ring con su pegada fulmínea, su arma secreta siempre fue fajarse, a veces irracionalmente. No temerle al “tú por tú”.

Hoy es mejor boxeador, pero peor peleador. Hoy piensa, especula, mide, analiza, no arriesga, y apuesta a su conveniencia. No es más “El Canelo”. Dejó de pelear para la gente y comenzó a hacerlo para él. Vive de las rentas de su nombre, que sembró en el pasado siendo “otro”. Se civilizó. Y sus demonios internos ahora están viendo a qué otro cuerpo ir a parar.

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: 58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados