En nueva muestra de la vulnerabilidad del ser, el británico Anthony Joshua, recontra favorito a retener fácilmente su triple corona mundial pesado ante el mexicano Andy Ruiz Jr, perdió por KOT 7 en un batacazo fenomenal comparable a Tyson-Douglas, que habla de la poca confiabilidad de las figuras de estos tiempos

Cosas del boxeo –y de la vida-. El inglés Anthony Joshua reinaba en tres de las cuatro entidades mundialistas de la máxima categoría (AMB, FIB y OMB) hasta el último sábado, y estaba no sólo considerado el mejor pesado del momento, sino uno de los mejores libra por libra en la actualidad, quizás top five.

Injustamente quizás, porque a sus 29 años, con un buen récord de 22-0-0, 21 KO, no incluía rivales de fuste, salvo el veteranísimo ucraniano Wladimir Klitschko, a quien venció por KOT 11 hace un par de años -cuando éste tenía 41-, pese a que la redada estuvo pareja y cambiante, y Klitschko hasta lo derribó, evidenciando cierto problema de absorción.

Pero a Joshua lo conocían sólo los del boxeo. Nadie más. Lejos de la popularidad de Muhammad Alí, ni hablar de Tyson, ni siquiera de Foreman, Holyfield, los propios hermanos Klitschko, y en nuestro país, incluso hasta de la Mole Moli.

Es más; nadie sabía que peleaba el sábado –mucho menos contra quién-, y si hubiera ganado tampoco se hubiesen enterado.

Pero perdió. Y lo hizo ante un mexicano llamadoAndy Ruiz Jr, que en realidad no era su rival inicial, sino el yanqui Jarrell Miller, a quien reemplazó porque éste dio positivo en un control antidoping previo. De allí que le ofrecieron la pelea apenas un mes antes, al punto que las entradas estaban impresas como Joshua vs Miller.

Ruiz, el Destroyer, también de 29 años, tenía un récord de 32-1-0, 22 KO y estaba unos 10 kilos excedido de su peso habitual, aunque había peleado recientemente -el 20 de abril- y vencido por KOT 5 al difícil ruso Alexander Dimitrenko. Por eso subió al ring con 121,600 contra los 112,400 de Joshua, aunque así y todo era más liviano que Miller, que anda por los 140.

Además, Ruiz figuraba 5º AMB, 11º OMB y 15º FIB (último puesto del escalafón), no obstante lo cual, su única derrota había sido por puntos en fallo no unánime ante el neozelandés Joseph Parker, por la corona pesado vacante de la OMB, que poco después el oceánico la resignó por puntos ante el propio Joshua.

Las matemáticas dictaban por regla de tres simple que no había riesgos. Pero muchas veces en boxeo no hay lógica, menos entre pesados. Una mano bien puesta cambia todo, especialmente cuando el favorito, por mejor que sea, tiene mandíbula de cristal, o poco confiable, que es el caso de Joshua, a quien pocas veces habían probado porque él también posee potencia y hasta ahora había ganado de mano.

La historia es que Ruiz –todos lo saben porque todos lo vieron y lo comentan- ganó por KOT 7 después de haber caído en el 3º y derribado dos veces en ese mismo asalto al inglés, para liquidarlo en el 7º con otras dos caídas más, casi sin golpes netos.

No es sólo eso, sino que se convirtió en el primer mexicano de todos los tiempos en conseguir una corona mundial de la máxima división, siempre dominada por yanquis, europeos, y algún que otro africano. México y Oriente destacan en pesos chicos.

¿Por qué tanta repercusión? Es que nadie se entera cuando un avión zarpa o aterriza, pero todo el mundo lo hace de su caída, si la hubiera.

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Joshua es el avión. Como alguna vez lo fue Patterson ante Johansson, Alí ante Norton, Lennox Lewis ante Oliver McCall, y muy especialmente, Tyson ante James “Buster” Douglas, combate que vino a la mente de inmediato por ser considerado el batacazo más grande de la historia. Pero todos (o casi) perdieron sorpresiva y catastróficamente.

Todos además tuvieron su revancha, y en general vencieron por KO (NdeR: Alí fue el único que ganó y perdió por tarjetas). Excepto Tyson, quien jamás volvió a enfrentar a Douglas, ya que este cayó en su siguiente defensa contra Evander Holyfield por KO 3, en lo que hasta entonces era la bolsa récord para un campeón en la historia –algo así como 33 palos verdes-.

Se habla de que Ruiz y Joshua tienen la revancha firmada, y es recontra obvio que así sea. Primero porque era una defensa optativa, y segundo porque al que más le conviene económicamente es a Ruiz. El tema es que las revanchas directas están prohibidas, salvo casos de malos fallos, que no fue éste.

Por lo tanto, Ruiz antes debería hacer una defensa –en la que puede llegar a perder-, y luego sí enfrentar al británico. ¿Le pasará igual que a Buster Douglas? ¿Debería optar por una gran bolsa ante el mejor –por si acaso-, o elegir un rival fácil por una bolsa menor arriesgándose a una derrota, para ir luego (de ganar) a una revancha ante Joshua?

Burlonamente, el duelo esperado entre los pesados era el de Joshua ante el yanqui Deontay Wilder que jamás se dio, porque se estaba esperando el momento oportuno económicamente, fogoneándola mientras desde abajo.

Pero Wilder empató con Fury en otra mueca del destino, y ahora prefirieron organizar una revancha para 2020, aunque Wilder antes debe sortear su segundo duelo ante el cubano Luis Ortiz.

No hay hoy en día un pesado confiable, como otrora. No hay seguridad, ni en el mejor de los modelos, o el más pintado de los hombres. Hay más eco en el fracaso que en la virtud, y cuanto más virtuoso el que fracasa, más deleita su repercusión.

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